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SANTO DOMINGO.- ¡Madre
solo hay una! Aunque había oído esta frase
muchas veces en boca de sus vecinos en su natal San
Juan de la Maguana, Sofi Anyelina Montero Canario, de
25 años, no entendió su significado hasta
el 30 de noviembre de 2005.
Ese día emprendió un obligado viaje de
cinco meses que la mantuvo separada de su más
preciado tesoro: sus hijos de siete y dos años
de edad.
Por eso, en abril de este año decidió
arriesgar todo, incluyendo su seguridad y quizás
hasta su vida, para regresar por lo que había
dejado y terminar con esa ansiedad que le quemaba el
pecho de costado a costado.
Decisiones
El reloj acababa de marcar las siete de la noche en
la residencia propiedad de una pareja de profesionales
ubicada en el sector Bella Vista de la Capital y donde
Sofi trabajaba como doméstica en los últimos
cinco años.
En ese lugar llegó a recibir tanto apoyo que
hasta se le tenía como un miembro de la familia,
incluso salió “con una barriga” y
los patronos le costearon el parto y le dieron todo
lo necesario para la criatura. Como agradecimiento,
el niño lleva el nombre del dueño de la
casa.
Esa armonía se rompió el día en
que Sofi inició una relación con su compueblano
Edison de los Santos Solís, quien se autollamaba
“El Humeador”.
Al explicarle sobre las actividades de sus empleadores,
Sofi acordó con su novio robar el dinero obtenido
de una agencia de cambio que poseían en el mismo
sector.
Era de su conocimiento que algunas veces el dinero se
llevaba a la casa para trasladarlo al banco en la mañana
siguiente. Sólo era cuestión de esperar
el momento oportuno. Esa oportunidad se presentó
a las 7:00 de la noche del 30 de noviembre de 2005,
el tercer día de la inasistencia del mensajero
de la empresa, quien se reportó enfermo.
Esa circunstancia obligó a la dueña a
llevar el dinero a la casa, el cual introdujo en un
closet y se dirigió a la ducha para estar lista
en la cena.
Se estaba secando cuando se percató de que el
silencio se había apoderado de la casa. Aún
en toalla salió a buscar a Sofi. “Tal vez
salió un rato”, pensó, pero al entrar
a su habitación se llevó una desagradable
sorpresa: el closet estaba abierto y no estaban las
tres valijas y un sobre donde dejó 7 millones
94 mil 793 pesos con diez centavos.
En la calle, los vecinos le informaron que vieron a
la doméstica salir con las valijas y montarse
en un taxi donde la esperaba un desconocido.
Lo que siguió fueron cinco meses de persecución,
intento de salir del país por cualquier vía,
dormidas y comidas en hoteles de paso, en diferentes
puntos del territorio nacional.
Con siete millones de pesos y un hombre de quien estaba
enamorada, a Sofi se le estaba haciendo la vida fácil,
pero le faltaba algo. Los investigadores policiales
lo sabían y por eso consideraron que todo era
cuestión de tiempo.
La desesperación se apoderó de Sofi, tal
y como las autoridades lo planearon, y una tarde del
pasado mes de abril regresó por lo que había
dejado. Se presentó a una residencia del sector
La Represa, en Villa Altagracia, con el propósito
de ver a sus hijos y entregar nueve mil pesos para su
manutención.
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