Si la ciudadanía, pacíficamente
, se ha movilizado para rechazar este horrendo crimen,
la autoridad tiene que completar el esfuerzo desplegando
todas sus energías hasta que los verdaderos asesinos
sean atrapados
Estupor,
impotencia y dolor estremecen a esta sociedad ante el
imperdonable crimen de la joven santiaguera Vanessa Ramírez
Fañas, otra víctima de la ola delincuencial
que no nos da tregua.
Unos bandidos sin corazón le dispararon tres tiros
mortales para robarle un teléfono celular.
No sabían que mataban a una joven pura y noble
que, con apenas 18 años, seguía los pasos
de sus padres en la carrera de Medicina y se distinguía
en Santiago por la dulzura y generosidad de trato.
Unos tres sinvergüenzas, desalmados e irracionales,
la interceptaron en las proximidades de su vivienda y
descargaron su fuerza brutal contra ella en un modo de
atraco que se va haciendo frecuente y típico en
nuestras calles.
Cobardes al fin, sin importar la ventaja del acecho y
la inocencia de la joven, le entraron a balazos y, con
ello, le quitaron al país una esperanza.
La sociedad de Santiago, a la que sus padres, los doctores
Juan Ramírez y Rosaida Fañas, le han servido
como médicos y filántropos, ha reaccionado
unánime con gran indignación y duelo.
Y lo patentizó de inmediato con una marcha por
varias calles en demanda de que las autoridades aprieten
las tuercas de la lucha contra la delincuencia, que parecen
ganarla los delincuentes con impunidad y con el temor
que crean entre todos los ciudadanos.
El Gobierno, a través de sus órganos represivos,
debe dar una respuesta contundente a este inaceptable
desafío de los delincuentes, disponiendo una intensa
persecución hasta que sean reconocidos y apresados
para que la justicia se ocupe de darles su merecido.
Eso es lo que aconseja el Código, pero los delincuentes
no entienden de reglas legales ni de derechos humanos.
Sólo entienden por la fuerza y sólo se persuaden
ñsi acasoñ cuando la autoridad ofrece una
prueba severa de no tolerancia al crimen o al delito,
en sus variadas formas.
Si la ciudadanía, pacíficamente , se ha
movilizado para rechazar este horrendo crimen, la autoridad
tiene que completar el esfuerzo desplegando todas sus
energías hasta que los verdaderos asesinos sean
atrapados.
Por las buenas o por las malas, no importa. Esta sociedad
no aguanta más burla ni más asesinatos y
atracos descarados y brutales.