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Como en San Pedro de Macorís casi nadie que
tenga una frente de cuatro dedos, nativos o extranjeros,
se cansa de investigar cuál es el verdadero origen
de la etnia “cocola” endilgada a los barloventinos
que vinieron a mediados o finales del siglo XIX a trabajar
en la industria azucarera de la comunidad que andando
el tiempo sería reconocida por historiadores,
industriales, economistas, escritores y poetas, como
la Sultana del Este.
Los petromacorisanos igualmente no dan pausas a sus
inquietudes por saber cuál es el significado
de la palabra “Guloya”, nombre de esa ceremonia
medio religiosa que se practica en determinada época
del año, predominantemente en tiempo de carnaval
o mascarada. Ese interés ha crecido más
con motivo de la declaratoria de esa práctica
por la UNESCO, organismo dependiente de la Organización
de las Naciones Unidas, como Patrimonio Cultural de
la Humanidad.
Son dos inquietudes que desde joven me vienen preocupando
debido a sus orígenes aún no aclarados
por nuestros historiadores, primordialmente por los
que han incursionado en la historia de San Pedro del
Mar, tales como Leonidas García Lluberes y Manuel
Leopoldo Ricciez con sus laudados trabajos publicados
a propósito de la conmemoración del medio
siglo de la fundación de la provincia (1932).
Me refiero a los términos “cocolo”
atribuido despectivamente a los braceros que vinieron
a Macorís del Mar para trabajar en los ingenios
azucareros de la región. Llegaron en goletas
de dos palos y se quedaron como en una segunda patria
pero con atavíos propios, creencias religiosas
y arte culinario que sus descendientes mantienen vivos.
Reitero que ni racial ni social existe el “cocolo”.
Se trata de un degenerativo de la palabra mal usado
de “tórtola”. Tórtola es el
nombre de la isla de donde procedieron aquellos pioneros
de la industria azucarera del Este (San Pedro de Macorís
y La Romana).
El otro término es el de “guloya”,
que es una versión del pleito de David y Goliat
que traducido a la lengua inglesa podría significar
“Good Lord”, Buen Señor-Dios. Pero
esto es una simple conjetura de mi parte.
Pero mi propósito en este artículo no
es discutir sobre ninguno de los dos temas, lo dejo
al libre albedrío de los entendidos. Es simple
y llanamente para recomendar al lector un valioso estudio
que acerca del “Garveyismo en el Caribe: El caso
de la población cocola en la República
Dominicana” que bajo la autoría de Humberto
García Muñiz y Jorge L. Giovannetti, que
la revista Clio inserta en su última edición.
Es un trabajo que no tiene desperdicios para todas aquellas
personas que se interesan por conocer los factores que
contribuyeron a establecer la “entente”
cocola en Macorís del Puerto en la tesitura de
que lo que realmente vale no es la filosofía
sino la realidad, no la actitud sino el hecho.
El trasfondo histórico social de ese estudio,
el más completo efectuado hasta el presente,
lo constituyen los movimientos migratorios dentro de
la cuenca del Caribe desde principios del siglo XIX
hasta mediados del siglo XX, período en que cae
la industria azucarera en República Dominicana
atrayendo la gran oleada de barlo y sotaventinos, originándose
lo que yo llamo “entente” cocola formada
principalmente por braceros y artesanos de Antigua,
St. Kitts, Nevis, Tórtola, Anguilla y también
de las posesiones francesas de Guadalupe y Martinica.
Hay una anotación en que se expresa que “los
súbitos británicos sobrepasan por mucho
los de cualquier otro país y por causa de su
color están mucho más expuestos al maltrato
e irrespeto de sus derechos que cualquier otro extranjero
en tiempos difíciles”.
Se advierte que Macorís se convirtió entonces
en el centro más importante del cultivo cañero
y producción de azúcar cruda para la exportación.
Ya en 1918 unas siete centrales existían en la
periferia de la ciudad y convivían con los dominicanos
los cocolos con sus propias escuelas, iglesias, asociaciones
culturales, sociedades de socorro mutuo y logias masónicas,
dándole la comunidad criolla un carácter
hetoreogéneo extraordinario.
Pero en el fondo el estudio de Humberto García
Muñíz y Jorge L. Giovannetti no está
circunscrito a la influencia o no de la etnia cocola.
Su objetivo es resaltar el rol del “garveyismo
y racismo en el Caribe o sea la filosofía de
una doctrina aupiciada por Marcus Mosian Garvey (1887-1940),
creador de la Asociación Universal para el mejoramiento
del negro y la Liga de Comunidades Africanas. pero de
todos modos, la investigación y conclusión
de la tesis tiene un interés incalculable para
los petromacorisanos y no vacilo en recomendarlo por
completo.
Y Clío, por su parte ha rendido un valioso servicio
a la cultura al reproducirlo íntegramente.
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