Santo Domingo
Domingo 11 de junio del 2006
LISTIN DIARIO
 
 
SECCIONES
 
OTRAS SECCIONES
SERVICIOS
REVISTAS
Agregar a Favoritos Imprimir Enviar por E-Mail
OPINION
Ni cocolos, ni guloya: sólo una entente
 
FRANCISCO COMARAZAMY

Como en San Pedro de Macorís casi nadie que tenga una frente de cuatro dedos, nativos o extranjeros, se cansa de investigar cuál es el verdadero origen de la etnia “cocola” endilgada a los barloventinos que vinieron a mediados o finales del siglo XIX a trabajar en la industria azucarera de la comunidad que andando el tiempo sería reconocida por historiadores, industriales, economistas, escritores y poetas, como la Sultana del Este.
Los petromacorisanos igualmente no dan pausas a sus inquietudes por saber cuál es el significado de la palabra “Guloya”, nombre de esa ceremonia medio religiosa que se practica en determinada época del año, predominantemente en tiempo de carnaval o mascarada. Ese interés ha crecido más con motivo de la declaratoria de esa práctica por la UNESCO, organismo dependiente de la Organización de las Naciones Unidas, como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Son dos inquietudes que desde joven me vienen preocupando debido a sus orígenes aún no aclarados por nuestros historiadores, primordialmente por los que han incursionado en la historia de San Pedro del Mar, tales como Leonidas García Lluberes y Manuel Leopoldo Ricciez con sus laudados trabajos publicados a propósito de la conmemoración del medio siglo de la fundación de la provincia (1932).
Me refiero a los términos “cocolo” atribuido despectivamente a los braceros que vinieron a Macorís del Mar para trabajar en los ingenios azucareros de la región. Llegaron en goletas de dos palos y se quedaron como en una segunda patria pero con atavíos propios, creencias religiosas y arte culinario que sus descendientes mantienen vivos. Reitero que ni racial ni social existe el “cocolo”. Se trata de un degenerativo de la palabra mal usado de “tórtola”. Tórtola es el nombre de la isla de donde procedieron aquellos pioneros de la industria azucarera del Este (San Pedro de Macorís y La Romana).

El otro término es el de “guloya”, que es una versión del pleito de David y Goliat que traducido a la lengua inglesa podría significar “Good Lord”, Buen Señor-Dios. Pero esto es una simple conjetura de mi parte.
Pero mi propósito en este artículo no es discutir sobre ninguno de los dos temas, lo dejo al libre albedrío de los entendidos. Es simple y llanamente para recomendar al lector un valioso estudio que acerca del “Garveyismo en el Caribe: El caso de la población cocola en la República Dominicana” que bajo la autoría de Humberto García Muñiz y Jorge L. Giovannetti, que la revista Clio inserta en su última edición. Es un trabajo que no tiene desperdicios para todas aquellas personas que se interesan por conocer los factores que contribuyeron a establecer la “entente” cocola en Macorís del Puerto en la tesitura de que lo que realmente vale no es la filosofía sino la realidad, no la actitud sino el hecho.

El trasfondo histórico social de ese estudio, el más completo efectuado hasta el presente, lo constituyen los movimientos migratorios dentro de la cuenca del Caribe desde principios del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, período en que cae la industria azucarera en República Dominicana atrayendo la gran oleada de barlo y sotaventinos, originándose lo que yo llamo “entente” cocola formada principalmente por braceros y artesanos de Antigua, St. Kitts, Nevis, Tórtola, Anguilla y también de las posesiones francesas de Guadalupe y Martinica. Hay una anotación en que se expresa que “los súbitos británicos sobrepasan por mucho los de cualquier otro país y por causa de su color están mucho más expuestos al maltrato e irrespeto de sus derechos que cualquier otro extranjero en tiempos difíciles”.

Se advierte que Macorís se convirtió entonces en el centro más importante del cultivo cañero y producción de azúcar cruda para la exportación. Ya en 1918 unas siete centrales existían en la periferia de la ciudad y convivían con los dominicanos los cocolos con sus propias escuelas, iglesias, asociaciones culturales, sociedades de socorro mutuo y logias masónicas, dándole la comunidad criolla un carácter hetoreogéneo extraordinario.

Pero en el fondo el estudio de Humberto García Muñíz y Jorge L. Giovannetti no está circunscrito a la influencia o no de la etnia cocola. Su objetivo es resaltar el rol del “garveyismo y racismo en el Caribe o sea la filosofía de una doctrina aupiciada por Marcus Mosian Garvey (1887-1940), creador de la Asociación Universal para el mejoramiento del negro y la Liga de Comunidades Africanas. pero de todos modos, la investigación y conclusión de la tesis tiene un interés incalculable para los petromacorisanos y no vacilo en recomendarlo por completo.
Y Clío, por su parte ha rendido un valioso servicio a la cultura al reproducirlo íntegramente.

 
 
 
  OPINION
  COLUMNAS
Listín Digital - Editora Listín Diario
Paseo de los Periodistas #52. Tel.:(809)686-6688, ext. 2232 / Fax:(809) 686-6595, Santo Domingo, R.D.
webmaster.listin@listindiario.com.do