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mí me confundieron
“Tu papá te va a castigar”. “Deja
que llegue tu papá para que tú sepas lo
que es bueno...”
No se si estas expresiones son todavía frecuentes
en los hogares actuales, pero en mi tiempo eran muy
comunes.
La figura del papá era una amenaza. Le teníamos
miedo. Lo veíamos como un juez implacable, que
dictaba sentencia y aplicaba un castigo inmediato sin
derecho a apelación.
El padre
Cuando me enseñaron el Padre Nuestro, traspasé
inconsciente e inmediatamente ese miedo a Dios.
Para mí hubiera sido mejor que me enseñaran
el “madrenuestra”, porque identificar a
Dios con una mamá se hubiera acercado mucho más
a la verdad. Total, que a mí me confundieron.
No sé si fue la época, el ambiente, las
costumbres familiares o los catequistas, pero yo no
tenía ni la más mínima idea de
que “Papá Dios” era también
igualmente, “mamá Dios”, y que de
ninguna manera y bajo ningún concepto, era alguien
a quien yo tuviera que temer.
Mire amigo, yo he aprendido que lo contrario del amor
no es odio, sino miedo, y hoy, después de muchos
años de revisión y reconstrucción
de mi imagen de Dios Padre, he comprobado que tenerle
miedo a Dios es la cosa más injusta y contradictoria
que puede uno hacer, puesto que Dios es amor, y ¡de
Él no voy a recibir nunca otra cosa que no sea
cariño, ternura, compresión, respeto y
apoyo!
“El cristiano está llamado a descubrir
el amor del Padre, y a saberse protegido por Él”
(Juan Pablo II)
El hijo
Todo esto acerca del Padre me lo ha revelado su hijo
Jesucristo. También me ha dicho que yo no he
nacido para vivir sufriendo sin sentido en un valle
de lágrimas. Que Él me ha salvado, y ha
conseguido para mí la misma vida que Él
tiene. Además me ha abierto de par en par la
puerta para entrar en una relación de intimidad
y de total confianza con ese Padre suyo y mío,
a quien Él me enseñó a llamar “Abba”,
o sea “Papito”. Quizás no haya nada
que yo agradezca más al Señor Jesús,
que el hecho de regalarme la capacidad de tener una
relación amorosa con su Padre, y de revelarme
que sólo porque yo lo reconozca y acoja a El,
será también mi Padre (1ra Juan 2,23 y
3,1).
Un Padre en quien puedo confiar absolutamente, sin miedo
alguno, ya que su amor por mí es incondicional
y gratis. En resumen, un Padre en cuyos brazos puedo
descansar.
Entretanto, asombrosamente, Él, el Hijo, siendo
Dios, está entre los hombres “como el que
sirve” (Lucas 22,27)
El Espíritu Santo
Pero hay más. El Padre y El Hijo me han regalado
su Espíritu, para que se convierta en mi Maestro
y Guía interior, para que jamás esté
solo. Para que nunca sea presa de la desorientación
ni del desaliento, puesto que siempre puedo acudir a
ese Espíritu que vive en mí y recibir
de Él sabiduría y fortaleza.
Este Espíritu es quien me ha ido ayudando desde
mi interior a entender la Verdad, que es Jesucristo,
y la fuente del Amor que es el Padre.
Le dicen “el gran Desconocido” porque nunca
habla de sí mismo, sino del Padre y del Hijo.
Estos son algunos datos simples acerca del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo. Hoy es su día:
el Día de la Santísima Trinidad.
Misteriosa realidad que da, sin embargo, fundamento
y sentido a la vida humana, ya que la experiencia de
la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el Amor
del Padre, y la comunión del Espíritu
Santo no es algo abstracto, sino historia nuestra, concreta,
asombrosa e ilusionante experiencia personal.
igdubus@hotmail.com
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