Lo
bueno que tiene la reforma constitucional es que se
convierte en la centrífuga de otras reformas
sociales.
La justicia, por lo pronto, visualiza ya sus urgencias
de futuro, en la forma de nuevas instancias y nuevos
procedimientos que la hagan más eficaz.
Los medios de comunicación están urgidos
de renovar el marco bajo el cual operan, más
que nada para su mejor “aggiornamiento”
con los nuevos escenarios y dimensiones que se abren
en la era digital.
El Presidente Leonel Fernández ha anunciado
su propósito de emprender esta reforma, comenzando
por la tan esperada revisión de la ley 6132 que,
si bien ha sido un escudo contra muchos instintos coercitivos,
amerita ya de que sus penalidades sean abolidas y que
algunos artículos se modifiquen para darle pleno
sentido a la libertad con que la prensa debe ejercer
su misión.
La reforma se llevaría de paso la desfasada e
innecesaria presencia del reglamento de espectáculos
públicos y radiofonía, y resultaría
más abarcadora, pues contemplaría las
nuevas políticas para impulsar el desarrollo
de los medios electrónicos en cualquiera de los
tres soportes tradicionales, el escrito, el visual y
el radiofónico, colocándonos en mejor
postura para insertarnos en la sociedad de la información.
Otros sectores sociales y políticos, que quedarán
impactados por una profunda reforma constitucional,
también reclaman nuevos ordenamientos que apunten
hacia el fortalecimiento del esquema de vida democrático
bajo el cual, gradualmente, ha ido cincelándose
el modelo de sociedad en que evolucionamos como nación
libre e independiente.
|