| El
2007 viene vestido de lunes.
Llegará con la pesadez de madrugar
y abandonar el calorcito de una
almohada vieja, flaca, limpia y
desteñida como las sábanas que más
gustan.
El 2007 tocará la vida con la horca
fiscal que tiene al pueblo, no con moño
bonito, sino con el “moco” más para
abajo de lo normal.
La economía, tan influyente como la
Primera Dama, determina hasta la
respuesta emocional del ser humano.
No es verdad que usted ríe mejor con
el bolsillo flaco o desbancado ante el
montón de recortes e impuestos del
gobierno que más ordeña y que menos
ejecuta equilibradamente.
El 2007 desenbarcará con los
mismos 12 meses en que se manejó
su “compañetriota” 2006. La
diferencia, radica en nuevas reglas
que lamentablemente no dependen
de la mayoría, sino de una minoría
poderosa que, sin que te des cuenta,
ordena cómo vestirse y cómo se
“ama mejor”.
Yamira me preguntó qué plan
tenía para el 2007 y yo, que rayo
las puertas donde vivo, anotando
metas frente a la cama del
descanso, le contesté que mi única
aspiración era vivir con dignidad.
El hambre desatada en diciembre,
el enfermizo “dame lo mío” de gente
cuya hambruna no la calmaron
decenas de canastas y cheques
gordos, atosiga cada poro.
Es increíble cómo hasta gente
que nunca te mira, se acercó para
decirte “tráigame algo”. Es doloroso
ver la corbata presidencial imitando
al “Doctor” repartiendo cajitas con el
pozuelo de aceite que no da para un
solo arroz.
Es penoso ver las faldas de la
dominicanidad frotándose en filas para
alcanzar la fundita de la vergüenza.
Por eso, aspiro sólo eso, a vivir con
decoro. A no arrastrarme ni vender
la dignidad que tanto alimenta la
conciencia y te permite acurrucarte
en paz.
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