Una
encuesta en España ha revelado que 3 de cada
4 personas dicen que la televisión española
ha empeorado con la creciente telebasura. Si lo dicen
es porque la ven. Eso quiere decir que la vulgaridad
y la audiovisualización de la intimidad que introduce
la cámara “hasta donde el cepillo no toca”,
tiene audiencia pero no tiene aprobación. La
gente pone esa televisión para ver, con sus propios
ojos, lo que está pasando pero, cuando el morbo
termina de servirse, la critica porque no le ha dejado
nada bueno. La telebasura entretiene pero no conviene.
Por eso, después de ver lo uno
y lo otro, la gente preferirá la TV que le es
útil y provechosa, la que es divertida y positiva.
Ocurrirá lo mismo que con los juguetes que hoy
reciben los niños y niñas. Cada vez son
más los padres que prefieren juguetes que entretienen
y educan. Les están diciendo no a los juguetes
que enseñan a matar y sí a los que enseñan
a vivir, a pensar, a construir, a aprender. Por mi parte,
intentaré volver e insistir en hacer la TV que
entretiene y conviene, hasta hacer popular la calidad.
Porque todo es cuestión de forma y lo bueno no
tiene por qué ser aburrido. Ahí está
el desafío creativo. Y me anima que una encuesta
reciente ha revelado que los públicos con más
capacidad intelectual y más capacidad productiva
prefieren ver canales extranjeros porque, salvo excepciones
honrosas, las producciones nacionales no responden a
sus expectivas de respeto y de entretenimiento con talento.
|