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Enero
a marzo es la mejor temporada
para
recorrer los 24 kilómetros
que lo separan de
la Ciénaga de Manabao,
en Jarabacoa. |
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SANTO DOMINGO.- Es el techo
de la isla y punto más alto de las Antillas.
Llegar allí es una verdadera hazaña de
resistencia y aventura segura para quienes año
tras año deciden conquistar esta cima. Con 3,175
metros, el pico Duarte se convierte en estos días
en uno de los destinos preferidos por los amantes de
experiencias distintas, tanto dentro del país
como fuera del mismo.
Es que la zona guarda como un secreto valiosísimo
su indescriptible belleza, sus amaneceres dignos de
una postal y la riqueza ecológica, por lo cual
su zona circundante fue declarada Parque Nacional en
el año de 1956.
“¡Primera y última vez que hago
este viaje!”. “¿Quién me mandó
a venir para acá?”. Expresiones como estas
suelen escucharse -como de hecho se escucharán-
en los próximos días en el área.
Sin embargo, esas mismas personas que durante el recorrido
se quejan de la dificultad de la travesía son
las primeras que se alistan el año siguiente
para repetir la experiencia. A través de los
senderos del pico Duarte se conoce uno de los lugares
más hermosos y además valiosos desde el
punto de vista de la preservación ecológica
del país.
Enero a marzo es la mejor temporada para recorrer
los 24 kilómetros que lo separan de la Ciénaga
de Manabao, en Jarabacoa, punto principal de salida
de las excursiones, aunque Alexander Gómez, de
Desde El Medio Tours y con varias escaladas de experiencia,
sostiene que cualquier época (siempre que no
sea en mayo o en temporada ciclónica) es buena
para subir y conocer la estatua de Duarte que domina
la vista del Parque Nacional J. Armando Bermúdez.
Sin embargo, por tradición, y porque la temperatura
es más cómoda en estos días, en
los tres primeros meses del año se empiezan a
organizar las excursiones al pico Duarte, donde los
visitantes podrán aislarse de las prisas y rutinas
del diario vivir y comulgar en persona con la verde
naturaleza que este recorrido, que se realiza en un
período promedio de 4 días, ofrece.
Existen unas cinco rutas para llegar hasta el área
del pico Duarte. La más conocida es Manabao,
en Jarabacoa, pero también, como relata Manuel
Cuevas, otro viajante frecuente, se puede acceder por
Matagrande en Santiago, Sabaneta en San Juan de la Maguana,
Constanza y Las Lagunas en Azua, siendo esta última
la menos recorrida.
El trayecto de Manabao contempla caminar el segundo
día, dado que el primero se limita a llegar,
establecerse y descansar, a través de Los Tablones,
Alto de La Cotorra, La Laguna (donde se descansa y se
almuerza), El Cruce, Aguita Fría -donde nace
el Yaque del Norte- y finalmente La Compartición,
que es donde la mayoría de los excursionistas
acampan.
Hacia el tercer día, relata Gómez, se
recorren los 5 kilómetros que separan a La Compartición
del Valle de Lilís para luego enrumbar hacia
el Pico Duarte. De ese momento, donde muchos aprovechan
para tomarse fotografías, meditar o interpretar
las notas del himno de Reyes y Prud¥Homme, se procede
a retornar hacia el campamento, donde se pasará
esa noche, para al día siguiente retornar hacia
Manabao.
Aunque esta descripción de la ruta suene poco
emotiva, lo cierto es que en este camino las anécdotas
se cuentan por centenas, incluidas las de las fogatas
que se realizan en los campamentos de noche para, entre
canciones, historias y otros elementos, compartir lejos
de toda civilización el amor por la naturaleza
y su obra.
El equipaje
Hay muchos comentarios sobre qué debe llevarse
o no al pico Duarte. En primer término, Gómez
plantea que la mochila no debe pesar más de 25
libras, incluido el saco de dormir, que cada excursionista
debe llevar, por ser este un elemento personal.
Gómez relata que si uno se lleva de la lista
que ellos proporcionan a sus excursionistas, jamás
van a excederse del peso requerido. “Está
demostrado que si llevas la cantidad de cosas que te
decimos -que es más que suficiente- puedes hacer
un buen viaje, seguro y con las cosas que vas a necesitar”.
Hablando sobre las cosas que deben llevarse y no llevarse,
revela que, entre las cosas que han encontrado en las
mochilas de los excursionistas, en la revisión
previa que se hace la víspera del viaje, han
encontrado blowers, faldas de brillo, zapatos de tacón...
en fin, “cantidad de cosas que no vienen al caso
y no sirven para nada en ese sitio”.
Las casas de campaña son otro aditamento que
no puede quedarse. Aun así, el interesado en
participar en una excursión debe confirmar si
las mismas vienen incluidas en el paquete o si deberá
conseguirse una propia.
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