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Miércoles, 10 de enero del 2007

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LA VIDA

Tiempo de subir al pico Duarte

Alexéi Tellerías
 
Enero a marzo es la mejor temporada para
recorrer los 24 kilómetros que lo separan de
la Ciénaga de Manabao, en Jarabacoa.

SANTO DOMINGO.- Es el techo de la isla y punto más alto de las Antillas. Llegar allí es una verdadera hazaña de resistencia y aventura segura para quienes año tras año deciden conquistar esta cima. Con 3,175 metros, el pico Duarte se convierte en estos días en uno de los destinos preferidos por los amantes de experiencias distintas, tanto dentro del país como fuera del mismo.

Es que la zona guarda como un secreto valiosísimo su indescriptible belleza, sus amaneceres dignos de una postal y la riqueza ecológica, por lo cual su zona circundante fue declarada Parque Nacional en el año de 1956.

“¡Primera y última vez que hago este viaje!”. “¿Quién me mandó a venir para acá?”. Expresiones como estas suelen escucharse -como de hecho se escucharán- en los próximos días en el área. Sin embargo, esas mismas personas que durante el recorrido se quejan de la dificultad de la travesía son las primeras que se alistan el año siguiente para repetir la experiencia. A través de los senderos del pico Duarte se conoce uno de los lugares más hermosos y además valiosos desde el punto de vista de la preservación ecológica del país.

Enero a marzo es la mejor temporada para recorrer los 24 kilómetros que lo separan de la Ciénaga de Manabao, en Jarabacoa, punto principal de salida de las excursiones, aunque Alexander Gómez, de Desde El Medio Tours y con varias escaladas de experiencia, sostiene que cualquier época (siempre que no sea en mayo o en temporada ciclónica) es buena para subir y conocer la estatua de Duarte que domina la vista del Parque Nacional J. Armando Bermúdez.

Sin embargo, por tradición, y porque la temperatura es más cómoda en estos días, en los tres primeros meses del año se empiezan a organizar las excursiones al pico Duarte, donde los visitantes podrán aislarse de las prisas y rutinas del diario vivir y comulgar en persona con la verde naturaleza que este recorrido, que se realiza en un período promedio de 4 días, ofrece.

Existen unas cinco rutas para llegar hasta el área del pico Duarte. La más conocida es Manabao, en Jarabacoa, pero también, como relata Manuel Cuevas, otro viajante frecuente, se puede acceder por Matagrande en Santiago, Sabaneta en San Juan de la Maguana, Constanza y Las Lagunas en Azua, siendo esta última la menos recorrida.

El trayecto de Manabao contempla caminar el segundo día, dado que el primero se limita a llegar, establecerse y descansar, a través de Los Tablones, Alto de La Cotorra, La Laguna (donde se descansa y se almuerza), El Cruce, Aguita Fría -donde nace el Yaque del Norte- y finalmente La Compartición, que es donde la mayoría de los excursionistas acampan.

Hacia el tercer día, relata Gómez, se recorren los 5 kilómetros que separan a La Compartición del Valle de Lilís para luego enrumbar hacia el Pico Duarte. De ese momento, donde muchos aprovechan para tomarse fotografías, meditar o interpretar las notas del himno de Reyes y Prud¥Homme, se procede a retornar hacia el campamento, donde se pasará esa noche, para al día siguiente retornar hacia Manabao.

Aunque esta descripción de la ruta suene poco emotiva, lo cierto es que en este camino las anécdotas se cuentan por centenas, incluidas las de las fogatas que se realizan en los campamentos de noche para, entre canciones, historias y otros elementos, compartir lejos de toda civilización el amor por la naturaleza y su obra.

El equipaje
Hay muchos comentarios sobre qué debe llevarse o no al pico Duarte. En primer término, Gómez plantea que la mochila no debe pesar más de 25 libras, incluido el saco de dormir, que cada excursionista debe llevar, por ser este un elemento personal.

Gómez relata que si uno se lleva de la lista que ellos proporcionan a sus excursionistas, jamás van a excederse del peso requerido. “Está demostrado que si llevas la cantidad de cosas que te decimos -que es más que suficiente- puedes hacer un buen viaje, seguro y con las cosas que vas a necesitar”.

Hablando sobre las cosas que deben llevarse y no llevarse, revela que, entre las cosas que han encontrado en las mochilas de los excursionistas, en la revisión previa que se hace la víspera del viaje, han encontrado blowers, faldas de brillo, zapatos de tacón... en fin, “cantidad de cosas que no vienen al caso y no sirven para nada en ese sitio”.

Las casas de campaña son otro aditamento que no puede quedarse. Aun así, el interesado en participar en una excursión debe confirmar si las mismas vienen incluidas en el paquete o si deberá conseguirse una propia.

 
 
 
 
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