Santo Domingo

Miércoles, 10 de enero del 2007

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RELIGIÓN / Reflexión
Año nuevo... ¿reto nuevo?
Modesto E. Cuesta S.

Por la misericordia divina hemos visto llegar un nuevo año, cargado, como todos los demás, de esperanza, de sueños, de problemáticas sinfín y de retos.

Muchos de nosotros programamos metas de carácter material: cambiar de casa, de auto, una mejoría sustancial en el área de trabajo, un nuevo proyecto, planes de vacaciones de mayor envergadura y cuando nos damos cuenta, estamos enredados en la espiral del consumismo, preparándonos para rendir culto a todo lo que sea gastar en pos de ‘‘mi felicidad’’.

¡Qué buen trastazo nos damos cuando advertimos aquella voz que nos llama en lo más profundo de nuestro ser recordándonos que sólo él es el verdadero y único proveedor de la felicidad que tanto buscamos en unas buenas vacaciones!

Al dejarnos llevar por esa voz comenzamos a escuchar con el corazón y a ver con los ojos del alma, permitiendo al Espíritu Santo llevar nuestros pasos, entonces vemos con toda claridad que nuestro reto no es nuevo, que nuestra real y verdadera meta para este año es tan vieja como los años que llevamos a nuestras espaldas. Vemos con claridad meridiana que es momento de una reconciliación en busca de fortaleza, de paz interior, de amor para dar, de abono para nuestra fe.

Este fin de año tuve la oportunidad de abandonar la ciudad junto a mi familia. Fuimos a las montañas de Jarabacoa en compañía de los padres de Miriam. Cuando dejas atrás todo el bullicio de los petardos y la algarabía producto de una felicidad material para adentrarte en esa paz y tranquilidad que proporcionan aquellos verdes y hermosos paisajes, experimentas la sensación de estar más cerca de Dios, pues todo lo que percibes te recuerda el amor con el que fueron creadas las cosas, te das cuenta de que todo lo creado tiene el sello inconfundible Made in Heaven... God y das gracias por vivir.

Rodeado de estas maravillas, puedes pensar en los retos que se renuevan con el año que se avecina: dejar que se haga en ti la voluntad de Dios, encauzar a tus hijos por el camino del bien, el respeto y la obediencia, abonar con más frecuencia las raíces de los valores morales y espirituales que se van perdiendo a la carrera, y de igual forma, fomentar las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad en mi prójimo.

Es el mismo reto de hace años, pero más fuerte. Más fuerte porque la deshumanización viene galopando imparable; porque esos valores que casi no vemos siguen haciéndose cada vez menos visibles, porque mientras más inculcamos en nuestros hijos ciertos principios, cada día es un recomenzar en el mismo punto de inicio anterior.

Necesitamos luchar. Debemos luchar. Y tenemos que hacerlo apropiándonos de las armas espirituales que nos dejó Cristo al partir. Hemos de adueñarnos de su promesa y recordar que ‘‘todo lo puedo en Cristo que me fortalece, que en su presencia, somos más que vencedores’’.

Que este año que recién iniciamos por la gracia de nuestro Señor Jesucristo nos sirva para fortalecernos cada día más en la fe, la confianza y el amor, que podamos entregarnos a la voluntad del Padre así como se entregó María tras la noticia del ángel y que nuestra vida sea un continuo caminar siguiendo los pasos del Hijo hasta el momento de nuestra partida. ¡Que el Señor nos bendiga a todos!

 

 

 
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