| Varillas
de pólvora colgaron el 31 de diciembre de la
cajuela de vehículos estacionados en las avenidas
Juan Pablo Duarte y 27 de Febrero de Santiago. Sin licencia
y sin tormento policial, sus dueños ofrecieron
fuegos que queman, a quienes encendieron su fin de año
con explosión “artificial”.
La autoridad amagó con la promesa de desmantelar
puestos sin permiso y terminó ocupando, como
siempre, cohetes de las barriadas sembradas de bancas
de apuestas y carritos de hot dog. La vara selectiva
de la acción policial y el desacreditado dedillo
de la justicia amplió su averaje al ocultar la
identidad de los 2 hijos “de papi y mami”
que se quemaron en la venta, al aire libre, donde se
ganarían pesitos extras para el boato.
Los jóvenes, hijos de un reconocido empresario
y una renombrada banquera, no los anotaron en el reporte
que lee diariamente la vocería policial.
El caso, rememora al hijo del pelotero, al vástago
del financista y al descendiente del doctor, que en
en esta sociedad de alcurnia medieval y damas de fulano
de tal, protagonizaron la famosa estafa con las sonadas
tarjetas de crédito en 1999.
Los quemados que hoy carecen de apellidos, son protegidos
como el grupito de jovenzuelos, emparentados con jeques
de la municipalidad y fabricantes de pastas, que en
el 2003 asesinaron una doméstica en el privilegiado
sector Cerros de Gurabo. Dicen los compadres que, en
bola de humo, sus familias los despidieron del país.
Por lo visto, ser hijo de “papi y mami”
es la nueva profesión que sumó adeptos
con el asesinato de Eduardo David Rodríguez,
en junio del 2006. El joven de 18 años, matriculado
en medicina, fue arrollado por 2 vehículos que
echan carreras, con faroles apagados, propiedad de gente
que la Policía no “logra” identificar.
Mientras tanto, el rostro del apodado “Cloret”,
el joven de barrio que disparó contra Vanessa
Ramírez, se ha visto decenas de veces. Pese a
que tienen los jueguitos pesados y sus bellaquerías
causan tragedias nacionales, los “hijos de papi
y mami” van rumbo al Alma Máter. Abran
paso, ¿entrarán todos?
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