EL
MODUS.- Danilo Medina habló tan duro
el pasado miércoles que se oyó en Nicaragua,
donde se encontraba el presidente Leonel Fernández
asistiendo a la toma de posesión de su homólogo
Daniel Ortega. Desde allá llamaron sus asistentes
y preguntaron a conocidos ¿Qué dijo? Lo
que significa que se estaba atento a una rueda de prensa
que fue anunciada casi de manera sorpresiva, pocas horas
antes de su realización. Medina no ruge como
el león que hace temblar la selva, pero parece
que se acepta que es laborioso como la abeja que ñsegún
sus seguidores- es. Aunque llama la atención
que Medina habla siempre desde el hotel El Embajador,
que es un reducto de Miguel Vargas Maldonado, el oponente
escogido por su adversario Fernández; que lo
hace día miércoles; que la convocatoria
a la prensa se hace de manera súbita y que aprovecha
la ausencia del jefe del Estado, por lo menos de la
Capital. Así fue la vez anterior, cuando hizo
pública su renuncia del Gobierno, y también
ahora al presentar su equipo de campaña. El presidente
se hallaba la otra vez en San Francisco de Macorís
cuando le informaron “Danilo habló“,
que fue para él algo inesperado de acuerdo a
lo que habían hablado en la mañana. Ese
modus operandi de Medina debe responder a alguna razón,
hasta ahora desconocida. Aunque insisto que en política
no hay casualidad ni coincidencia.
EN AUSENCIA.- Ese comparecer a los
medios día miércoles y en ausencia del
presidente Leonel Fernández intriga, pues se
tiene a Danilo Medina como un político apacible,
de arrancada lenta, y no impetuosa. Lo mejor de su campaña
anterior fue el spot Tranquilo con Danilo, cuyo actor
se intranquilizó tanto con el triunfo de Hipólito
Mejía que todavía debe andar huyendo por
“los países“. Tal vez haya que buscar
explicación en sus orígenes. Miércoles
viene de dies mercuri, el día de Mercurio, que
era el dios del comercio, pero también de los
viajeros. Cuando el mandatario de viaje, Medina se siente
en posesión del territorio. Si está aquí,
no se lo disputa. Quizás no es la mejor analogía,
pero hay un refrán que dice que “cuando
los gatos están fuera, los ratones hacen fiesta“.
Ahora, la pregunta obligada es: ¿Fue bueno su
performance político y partidario? Esta columna
había sugerido ese mismo día lo conveniente
que era que enseñara sus encuestas y su gente,
de manera que la población tuviera mayores elementos
de discernimiento. Eso fue lo que hizo. Presentó
unos números que son auspiciosos para su causa
y los compañeros que lo acompañan en su
lucha por la nominación presidencial. El secreto
ya está develado, y los de dentro y los de fuera
saben a qué atenerse. Antes había quemado
las naves, ahora salió a establecerse en tierra
firme.
LO CONVENIDO.- La reacción
de la contraparte es la mejor confirmación de
que su comparecencia llenó su cometido. Francisco
Javier García, quien es una especie de coordinador
de la reelección, salió temprano en la
mañana del jueves a demostrar todo lo contrario
de lo sostenido en la víspera por Danilo Medina.
No pudo producirse adecuadamente, pues fue incidentado
por los abanderados de Medina, que lo conocen y saben
que si le dejan la cancha, nadie más juega. Sin
embargo, hay un hecho interesante. Medina se nombró
jefe de su propia campaña, y eso no es lo usual.
Si lo hizo fue porque se dio cuenta de que ninguno de
sus conmilitones está en condiciones de hacerle
frente a un Francisco Javier curtido en esas lides.
Pero hay algo más. Esta columna llamó
la atención sobre una situación que resultaba
curiosa, y que ahora se comprueba su certeza. El secretario
de Industria y Comercio había sido jefe de campaña
de Medina en la interna que lo llevó a la candidatura,
y después lo fue en las elecciones nacionales
contra Hipólito Mejía, y ahora tenía
iguales funciones al lado del presidente Leonel Fernández.
Es decir, que se trataba de dos estrategas que se conocían
entre sí sus mañas y podían adivinarse
las señas. El que haya salido tan rápido,
sin analizar en equipo lo acontecido el miércoles
y las potenciales repercusiones ñdentro y fuera
del partido-, significa que ese trabajo de perseguir
y contradecir a Medina estaba convenido.
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