Luego que Danilo Medina anunciara su
renuncia a la Secretaria de la Presidencia para buscar
la nominación presidencial por el Partido de
la Liberación Dominicana, fue evidente que
el único camino que le quedaba era enfrentar
al Presidente Fernández y sus intenciones reeleccionistas,
y con ello al Gobierno que sirvió por más
de dos años. Y si la aspiración de Danilo
constituye un hecho legítimo, también
lo es que fundamente su discurso en diferenciarse
de Leonel, y en criticar aspectos de la visión
de país y de gobierno que tiene y ejecuta el
mandatario.
Pero al mismo tiempo el licenciado
Medina debe tener cuidado con el discurso que elige
para contender con Fernández. Y es que una
cosa es proponer una visión de gobierno diferente,
y con ello criticar abierta o veladamente la actual
gestión, y otra muy diferente es reprochar
la reelección como principio, tildarla de responsable
del “fracaso” del país, el Gobierno
y del partido, y descalificar también las calidades
de los dirigentes que la promueven a lo interno del
PLD.
Porque si los discursos se mantienen
dentro del marco de las ofertas programáticas,
y cada candidato se promueve como el mejor, el que
garantiza el triunfo, y no se reduce al adversario,
entonces no habría luego problemas para alcanzar
la integración absoluta de la familia peledeísta,
en torno a quien resultara ganador dentro del congreso
elector. Sin embargo, y ante la eventualidad ñsi
usted quiere remotañ de que Leonel Fernández
se imponga en la elección interna y resulte
el candidato del PLD para buscar la reelección,
¿cómo recogería luego Danilo
Medina y el grupo importante de dirigentes que le
apoyan esas expresiones, para luego salir a defender
en todos los niveles una candidatura que, como la
de su partido, representaría ñy para
eso están las videotecasñ algo más
que catastrófico, para el PLD, para el Gobierno
y para el país? Por eso los políticos
deben tener cuidado sobre las bases que sustentan
sus discursos, para que luego no les pase como a aquellos
aspirantes perredeístas que se opusieron a
la reelección de Hipólito en el 2004
que, con excepción de Hatuey, todos los que
la maldijeron y denostaron, acabaron montados en ese
tren, que acabó llevándose lo poco de
credibilidad que aún les quedaba.
|