-Abuelo,
¿qué lees?
-Un cuento de un escritor que recién he conocido
y me ha enganchado, Enrique Mariscal. Como te conozco,
sé que me vas a pedir que te lo cuente... Se
trata de un matrimonio en el que al hombre le gusta
la pesca y a la mujer le gustaba leer a la sombra de
un árbol. En una ocasión, el esposo dijo:
-“Voy a dormir una siesta, no saldré hoy
a pescar”.
Mientras el hombre dormía, la
mujer subió a la embarcación y se fue
con su libro al centro del lago.
De pronto, apareció una patrulla
en un bote de control:
-Señora, ésta es época de veda
y usted está pescando, le dijo en tono de acusación
el guardia.
-No, señor, estoy leyendo, respondió,
serena, la señora.
-Por favor, señora, tiene usted todo el equipo
preparado y está agua adentro, argumentó
el guardia; no me diga que está leyendo. Debe
pagar la multa correspondiente, está cometiendo
una infracción. O paga la multa o viene conmigo
a la comisaría.
-Ni pago la multa ni voy a ninguna comisaría
con usted -respondió la señora mientras
seguía leyendo-. Y si veo a su superior, lo voy
a denunciar por intento de violación.
-Señora, no la toqué, no
le dije absolutamente nada que pueda interpretarse como
acoso sexual...
-¡Sí, pero usted tiene todo
el equipo preparado!
-Abuelo, ¿tú me has leído un cuento
o un chiste de educación sexual?
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