Santo Domingo

Viernes, 12 de enero del 2007

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OPINIÓN
Necesitamos soñadores
Emilio Armando Olivo

Para algunas personas, soñar no cuesta nada. Otros lo consideran como algo infantil. Algunos lo ven como innecesario. Sin embargo, vemos que los países desarrollados y las sociedades antiguas crecieron por sus soñadores y otros permanecen en la historia por estos.

No nos referimos como soñadores a aquellos que miraban el futuro o les llamaban profetas. Los soñadores no son como Michael de Nostradamus que podríamos admirar por sus predicciones. Entonces, ¿a qué nos referimos?

Sí apreciado lector. Necesitamos en países o sociedades como la nuestra, de soñadores que aspiren a muchas cosas que nos beneficien a todos, especialmente a los más jóvenes, a quienes les estamos legando una sociedad en caos en muchos sentidos.

Debemos iniciar un proceso de soñar entre muchos. Empecemos por soñar que nuestra sociedad es viable. Soñemos que los dominicanos podemos más. Miremos hacia delante y veamos la variedad de caminos que nos conducen al progreso y tomemos ciertas decisiones. También yo sueño.

Sueño mucho y no lo niego. Recientemente alguien nos decía que como era muy soñador debía seguir impulsando ciertas cosas. Su forma de decírmelo tenía varias lecturas, pues los soñadores aprendemos a oír y conocer las críticas buenas y las malas. Lo que se ve y lo que no se ve.

ara nosotros los sueños deben partir de algo muy importante: la educación, cual sea y sin importar la edad. Por esto soñamos que los niños desde párvulos aprendan ética, moral, civismo, nutrición, patriotismo, etc.. También soñamos que los jóvenes aprendan a ser buenos productores agropecuarios, si escogen esta actividad como forma de vida, pero también que les ofertemos oportunidades de oficios o carreras técnicas de alta utilidad y rentabilidad, si es bien ofertada en temas como: maestros albañiles, carpinteros, plomeros, electricistas, cocineros, jardineros, pesqueros, mecánicos, artesanos, entre tantas carreras.

Claro está, que una mala educación o sobreabundancia de algunas, puede ser tan fatal como no educar, pues se crea la frustración y eso si es malo en un joven, pues este mal castra los sueños de juventud.
Inserto algo que siempre menciono y es lo siguiente: Existen para mí tres tipos de personas en los grupos: el que crea o sueña; el que apoya sueños o a los creativos y lamentablemente, muchos que “nana nina”, ya que sólo saben oponerse. Esto nos viene quizás de mis años de universitario, cuando el clasicismo docente nos decía de la campaña de los líderes. Unos pocos de avanzada, muchos del cuerpo de accionar y otros que nunca hacen nada.

Como el soñar no cuesta nada y bajo los conceptos de que “lo pequeño es poderoso”, algunas de las carreras y acciones antes enunciadas pueden cambiar nuestras vidas y las de muchos. Nos preguntamos nosotros. ¿Por qué solo queremos pensar en grande? En obras faraónicas sin faraones.

Algunos conocen que con una semillita de arroz, un solo grano, en pocos años podemos producir todas las simientes de arroz que el país necesita. Sí señores y no lo señalo por ser agrónomo, sino por verlo a diario.

Sociedades muy desarrolladas científicamente como el Japón o Taiwán en el Asia, Estados Unidos, los países europeos y muchos más, han tenido y tienen sus soñadores tecnológicos, sociales, culturales, etc. Y ellos lo que tienen es gente como la nuestra, entonces debemos pensar o soñar como ellos.

Pienso o sueño, que si nuestros líderes todos, no solo los políticos vieran las pequeñas acciones en especial la educación, otro gallo cantaría.

Finalmente espero amigo, que al leernos sea parte de los que creen en sueños, pero que a su vez irradie este concepto con la esperanza de que algún día las pequeñas acciones se conviertan en grandes obras. Un ser humano mejor educado y una sociedad menos frustrante o de mayores oportunidades.

Al escribir este artículo, pensé mucho en don Rafael Herrera, un gran soñador.

El autor es ingeniero

 
 
 
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