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Para algunas personas, soñar no cuesta nada. Otros lo consideran
como algo infantil. Algunos lo ven como innecesario.
Sin embargo, vemos que los países desarrollados
y las sociedades antiguas crecieron por sus soñadores
y otros permanecen en la historia por estos.
No nos referimos como soñadores
a aquellos que miraban el futuro o les llamaban profetas.
Los soñadores no son como Michael de Nostradamus
que podríamos admirar por sus predicciones. Entonces,
¿a qué nos referimos?
Sí apreciado lector. Necesitamos
en países o sociedades como la nuestra, de soñadores
que aspiren a muchas cosas que nos beneficien a todos,
especialmente a los más jóvenes, a quienes
les estamos legando una sociedad en caos en muchos sentidos.
Debemos iniciar un proceso de soñar
entre muchos. Empecemos por soñar que nuestra
sociedad es viable. Soñemos que los dominicanos
podemos más. Miremos hacia delante y veamos la
variedad de caminos que nos conducen al progreso y tomemos
ciertas decisiones. También yo sueño.
Sueño mucho y no lo niego. Recientemente
alguien nos decía que como era muy soñador
debía seguir impulsando ciertas cosas. Su forma
de decírmelo tenía varias lecturas, pues
los soñadores aprendemos a oír y conocer
las críticas buenas y las malas. Lo que se ve
y lo que no se ve.
ara nosotros los sueños deben partir
de algo muy importante: la educación, cual sea
y sin importar la edad. Por esto soñamos que
los niños desde párvulos aprendan ética,
moral, civismo, nutrición, patriotismo, etc..
También soñamos que los jóvenes
aprendan a ser buenos productores agropecuarios, si
escogen esta actividad como forma de vida, pero también
que les ofertemos oportunidades de oficios o carreras
técnicas de alta utilidad y rentabilidad, si
es bien ofertada en temas como: maestros albañiles,
carpinteros, plomeros, electricistas, cocineros, jardineros,
pesqueros, mecánicos, artesanos, entre tantas
carreras.
Claro está, que una mala educación
o sobreabundancia de algunas, puede ser tan fatal como
no educar, pues se crea la frustración y eso
si es malo en un joven, pues este mal castra los sueños
de juventud.
Inserto algo que siempre menciono y es lo siguiente:
Existen para mí tres tipos de personas en los
grupos: el que crea o sueña; el que apoya sueños
o a los creativos y lamentablemente, muchos que “nana
nina”, ya que sólo saben oponerse. Esto
nos viene quizás de mis años de universitario,
cuando el clasicismo docente nos decía de la
campaña de los líderes. Unos pocos de
avanzada, muchos del cuerpo de accionar y otros que
nunca hacen nada.
Como el soñar no cuesta nada y
bajo los conceptos de que “lo pequeño es
poderoso”, algunas de las carreras y acciones
antes enunciadas pueden cambiar nuestras vidas y las
de muchos. Nos preguntamos nosotros. ¿Por qué
solo queremos pensar en grande? En obras faraónicas
sin faraones.
Algunos conocen que con una semillita
de arroz, un solo grano, en pocos años podemos
producir todas las simientes de arroz que el país
necesita. Sí señores y no lo señalo
por ser agrónomo, sino por verlo a diario.
Sociedades muy desarrolladas científicamente
como el Japón o Taiwán en el Asia, Estados
Unidos, los países europeos y muchos más,
han tenido y tienen sus soñadores tecnológicos,
sociales, culturales, etc. Y ellos lo que tienen es
gente como la nuestra, entonces debemos pensar o soñar
como ellos.
Pienso o sueño, que si nuestros
líderes todos, no solo los políticos vieran
las pequeñas acciones en especial la educación,
otro gallo cantaría.
Finalmente espero amigo, que al leernos
sea parte de los que creen en sueños, pero que
a su vez irradie este concepto con la esperanza de que
algún día las pequeñas acciones
se conviertan en grandes obras. Un ser humano mejor
educado y una sociedad menos frustrante o de mayores
oportunidades.
Al escribir este artículo, pensé
mucho en don Rafael Herrera, un gran soñador.
El autor es ingeniero
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