Santo Domingo

Viernes, 12 de enero del 2007

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LA VIDA
Cosas de Duendes
Me voy a la cama
*

Muchos de los mensajes que me llegan por el correo electrónico son hermosos pero no es común que me sienta directamente aludida por su contenido y que, además, perciba que muchas otras mujeres a las que conozco se sentirían identificadas con ellos. Con el escrito que reproduzco hoy me pasa esto.

Trata sobre la desigual división del llamado trabajo doméstico. Con el perdón de los hombres, no sé quién repartió las responsabilidades del hogar, pero a las mujeres nos jugó una mala pasada. Es una nota graciosa, cortesía de mi amiga Isabel López, y la dedico a todas las mujeres a las que sus maridos les dicen: “¡No entiendo por qué estás tan cansada!” Disfrútenla.

“Mamá y papá estaban mirando la televisión cuando mamá dijo: estoy cansada, es tarde, me voy a la cama.

Fue a la cocina a preparar los bocadillos para el día siguiente.

Puso en remojo los recipientes de las palomitas, sacó la carne del refrigerador para la cena del día siguiente.

Controló si quedaban bastantes cereales; llenó el azucarero, puso las cucharitas y los platos del desayuno en la mesa y dejó preparada la cafetera.

Puso la ropa húmeda en la secadora; la ropa sucia en la lavadora; planchó una camisa y cosió un botón; recogió los juguetes; puso a cargar el teléfono y guardó la guía telefónica.

Regó las plantas, ató la funda de basura y tendió una toalla. Bostezó, se desperezó y se fue al dormitorio.

Se paró un momento para escribir una nota a la maestra, contó el dinero para la excursión y cogió un libro que estaba debajo de la silla. Firmó una felicitación para un amigo y escribió la dirección en el sobre, escribió una nota para el supermercado y colocó todo junto a su cartera.

Mamá, a continuación, se lavó la cara con las toallitas, se puso crema antiarrugas, se lavó los dientes y las uñas.

Papá gritó: “Pensaba que te estabas yendo a dormir”.

“Estoy yendo”, dijo ella. Puso un poco de agua en el bebedero del perro y sacó el gato al balcón, cerró la puerta con llave y apagó la luz de la entrada. Dio una ojeada a los niños, les apagó las luces y la televisión, recogió una camiseta, tiró las medias al canasto de la ropa y habló con uno de ellos que estaba todavía haciendo las tareas escolares.

En su habitación puso el despertador, preparó la ropa para el día siguiente y ordenó mínimamente el zapatero.

Añadió tres cosas a las seis de la lista de las cosas urgentes y visualizó el alcanzar sus propios objetivos. En ese momento, papá apagó la televisión y anunció “me voy a la cama”. Y lo hizo, sin otros pensamientos.

¿Nada extraordinario? Si te preguntas ¿por qué las mujeres viven más tiempo? Porque están hechas para los largos recorridos (y no se pueden morir antes; tienen demasiadas cosas que hacer).

alicia.estevez@listindiario.com  
   
 
 
 
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