Muchos
de los mensajes que me llegan por el correo electrónico
son hermosos pero no es común que me sienta directamente
aludida por su contenido y que, además, perciba
que muchas otras mujeres a las que conozco se sentirían
identificadas con ellos. Con el escrito que reproduzco
hoy me pasa esto.
Trata sobre la desigual división del llamado
trabajo doméstico. Con el perdón de los
hombres, no sé quién repartió las
responsabilidades del hogar, pero a las mujeres nos
jugó una mala pasada. Es una nota graciosa, cortesía
de mi amiga Isabel López, y la dedico a todas
las mujeres a las que sus maridos les dicen: “¡No
entiendo por qué estás tan cansada!”
Disfrútenla.
“Mamá y papá estaban mirando la
televisión cuando mamá dijo: estoy cansada,
es tarde, me voy a la cama.
Fue a la cocina a preparar los bocadillos para el
día siguiente.
Puso en remojo los recipientes de las palomitas, sacó
la carne del refrigerador para la cena del día
siguiente.
Controló si quedaban bastantes cereales; llenó
el azucarero, puso las cucharitas y los platos del desayuno
en la mesa y dejó preparada la cafetera.
Puso la ropa húmeda en la secadora; la ropa
sucia en la lavadora; planchó una camisa y cosió
un botón; recogió los juguetes; puso a
cargar el teléfono y guardó la guía
telefónica.
Regó las plantas, ató la funda de basura
y tendió una toalla. Bostezó, se desperezó
y se fue al dormitorio.
Se paró un momento para escribir una nota a
la maestra, contó el dinero para la excursión
y cogió un libro que estaba debajo de la silla.
Firmó una felicitación para un amigo y
escribió la dirección en el sobre, escribió
una nota para el supermercado y colocó todo junto
a su cartera.
Mamá, a continuación, se lavó
la cara con las toallitas, se puso crema antiarrugas,
se lavó los dientes y las uñas.
Papá gritó: “Pensaba que te estabas
yendo a dormir”.
“Estoy yendo”, dijo ella. Puso un poco
de agua en el bebedero del perro y sacó el gato
al balcón, cerró la puerta con llave y
apagó la luz de la entrada. Dio una ojeada a
los niños, les apagó las luces y la televisión,
recogió una camiseta, tiró las medias
al canasto de la ropa y habló con uno de ellos
que estaba todavía haciendo las tareas escolares.
En su habitación puso el despertador, preparó
la ropa para el día siguiente y ordenó
mínimamente el zapatero.
Añadió tres cosas a las seis de la lista
de las cosas urgentes y visualizó el alcanzar
sus propios objetivos. En ese momento, papá apagó
la televisión y anunció “me voy
a la cama”. Y lo hizo, sin otros pensamientos.
¿Nada extraordinario? Si te preguntas ¿por
qué las mujeres viven más tiempo? Porque
están hechas para los largos recorridos (y no
se pueden morir antes; tienen demasiadas cosas que hacer).
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