Tras
una serie de escándalos en Estados Unidos en
los últimos años, John Browne, quien transformó
a BP PLC en una potencia petrolera global, abandonará
su puesto a mediados de año, 17 meses antes de
lo previsto. Será reemplazado por uno de los
ejecutivos que más tiempo ha trabajado con él.
La sorpresiva decisión de nombrar a Tony Hayward
como presidente ejecutivo a partir de agosto, anunciada
el viernes pasado, se produce en un momento en el que
BP ha estado intentando, con resultados desiguales,
recuperarse de los problemas relacionados con los derrames
de petróleo en Alaska, un accidente mortal en
una refinería de Texas y acusaciones de irregularidades
comerciales en los mercados de energía, las cuales
ha negado.
El cambio, dijeron personas cercanas, es un intento
de la junta directiva por evitar un período potencialmente
catastrófico de falta de dirección en
BP, la cual hasta hace dos años se encontraba
entre las compañías con mejor reputación
en la industria petrolera mundial.
Hayward, un candidato al puesto desde hace mucho tiempo,
ha actuado de segundo de Browne desde 1995, cuando el
ejecutivo comenzó la transformación de
BP. Hayward ha dirigido el departamento de finanzas
de BP y también la división de exploración
y producción, el centro y principal fuente de
ingresos de la compañía.
Transición demasiado larga
Aun así, Hayward tendrá un camino complicado.
Mañana, una comisión encabezada por el
ex secretario de Estado estadounidense James Baker publicará
un informe sobre la explosión en una refinería
de BP en Texas que causó 15 muertos en 2005.
Fuentes cercanas a la situación dijeron que la
partida de Browne no está relacionada con las
distintas investigaciones que enfrenta BP.
La junta directiva había elaborado un plan de
sucesión a fines del año pasado, el cual
incluía el nombramiento de Hayward como heredero
y dejaba a Browne con el riesgo de pasar a ser un ejecutivo
poco efectivo en medio del cambio. “Una transición
de 18 meses no es sostenible”, explicaron las
fuentes.
El viernes, los inversionistas recibieron la medida
muy bien. Los ADR de BP en Nueva York cerraron en US$64,64,
un alza de US$3,05, ó 5%, una ganancia superior
al 4,5% registrado en todo 2006. BP es uno de los mayores
productores de petróleo y gas natural de EE.UU.
y es el mayor proveedor de gas natural del país.
“Tony Hayward es la opción perfecta”,
dijo Fadel Gheit, analista de energía en la consultora
financiera Oppenheimer & Co. “Tiene 10 años
menos que Browne y durante una década ha básicamente
copiado el ascenso a la cima de su jefe”. Tras
abandonar BP, Browne se unirá a Apax Partners,
una gran firma de capital privado con sede en Londres,
dicen quienes conocen sus planes.
La partida de Browne marcará el fin de una
era para la industria: es una de las tres personas que
reformularon el negocio en la década de los 90,
junto con el presidente de Exxon Mobil Corp., Lee Raymond,
quien se retiró el año pasado, y Thierry
Desmarest, de la francesa Total SA, quien cederá
su puesto como presidente el mes próximo. En
una ola de adquisiciones que inició BP con la
compra de Amoco Corp., por US$62.000 millones en 1998,
los tres crearon las mayores petroleras del mundo.
Multiplicar por cinco
“John Browne fue el verdadero líder que
transformó la industria”, dijo J. Robinson
West, presidente de PFC Energy, una consultora stadounidense.
“Cuando ocupó su puesto, BP estaba casi
en quiebra y desorientada. Transformó a la compañía
y la industria de la energía”. BP dijo
que desde que Browne fue nombrado presidente ejecutivo,
en 1995, su capitalización de mercado se ha quintuplicado
y sus ganancias por acción han aumentado más
de un 600%, mientras que el precio de su acción
registró un alza del 250%.
Esa era ha terminado. Ahora, las compañías
de energía más influyentes del mundo son
propiedad o están dominadas por países
como Arabia Saudita o Rusia, a medida que una industria
que en el pasado había sido dominada por estadounidenses
y europeos ha pasado a ser mucho más global.
BP ha descendido del segundo al quinto puesto en términos
de capitalización de mercado, por detrás
de recién llegadas como la rusa OAO Gazprom y
la china PetroChina Corp.
En cierta manera, Browne ha sido víctima del
rápido crecimiento de su compañía.
Hacia 2003, tras cuatro grandes compras, BP había
reconocido que necesitaba poner orden en sus operaciones.
Pero demostró ser incapaz de controlar las complejidades
operativas de sus extensos negocios de extracción
y refinación de petróleo, un fracaso que
está en la raíz de los contratiempos que
la han plagado en EE.UU. en los últimos años.
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