| SANTIAGO.-
Francisco Taveras Díaz soñaba con apretarse
la guantilla antes de batear jonrones en Grandes Ligas.
El tesoro material de su vida es la colección
de estampitas, bates, bolas, guantes y todo cuanto huela
a “pelota”. Su casa del INVI es un altar
del deporte que corre en su sangre, herencia de su abuelo
paterno, Fernando Taveras, quien jugaba escondido “porque
le prohibieron abandonar deberes del hogar por agarrar
un bate”.
Mientras ansiaba la gloria deportiva, Francisco, líder
de la Pastoral Católica de Regeneración
en Cristo, se formó físicamente, estudió
inglés y seguía la pista a la novena uniformada.
Fue aguilucho “desde chiquitico” hasta llegar
al Estadio Cibao donde a los 13 años, sufrió
la mayor decepción de su vida.
Allí llevó las queridas postalitas.
Bajó al terreno y frente a Luis Polonia (Hormiguita
atómica) y el dirigente Tony Peña, rogó
el autógrafo que jamás consiguió.
“Corrí feliz para estar cerca de los ídolos
de mi infancia y obtener la firma. Ambos, de mala manera,
me dijeron que estaban ocupados. Me fui y luego vi un
señor que llevaba un niño con una pelota
y ellos generosamente la autografiaron”, recuerda
el joven, técnico en electrónica y estudiante
de diseño gráfico, que luego regaló
la gorra de las Águilas Cibaeñas y cambió
el furor por las “cuyayas” por un pase en
la fanaticada azulosa de sus rivales, Tigres del Licey.
Según la psicóloga Haydée Domínguez,
se supone que las “estrellas” del deporte,
el arte o el cine no son conscientes del daño
que sus desplantes o inconductas causan a jóvenes
y adolescentes. “Probablemente no les importa
porque a mayor escándalo, más ventas.
Si fuera lo contrario, cuidarían más sus
vidas y fueran más asertivos en sus relaciones
amorosas. Si lo pensaran, procurarían ser ejemplos
a seguir con valores y principios. Lamentablemente se
respira la desazón de una clase artística
vulgar, viciada y descuidada emocionalmente”.
¿Tributo merecido o no?
Domínguez opina que el artista o deportista que
decepciona a propósito, no merece la admiración
o el aplauso, porque no es digno del aprecio y la valoración
que se le rinde. Francisco, quien ama el béisbol
“como a nada en el mundo” y se alegra por
conocer, querer y atestiguar el ascenso de José
Reyes, estelar de los Mets de Nueva York, también
probó la lejanía de un amigo “que
el dinero cambió”.
Por ser humanos, la gente famosa no está exenta
de tropezar y crear problemas. Por la vida pública,
cualquier susurro cotidiano de las figuras del cine,
el deporte, el arte y hasta la política, es material
de rápida difusión en el mundo. Los “corchos”
de bates, las apuestas, vicios y esteroides del mundo
deportivo; el encarcelamiento por explotación
sexual (caso Gloria Trevi); tráfico de drogas
(hermana de los Hermanos Rosario); uso de estupefacientes
(Whitney Houston-merengueros populares) y hechos de
violencia, tienen en el país y en el mundo, protagonistas
muy conocidos. Mientras el estadounidense, Michael Jackson
se “recomponía” de la acusación
por abuso infantil, la modelo Kate Moss, aparecía
oliendo cocaína en una portada de moda, años
después de que la ex-Miss Universo Alicia Machado,
tuviera sexo en un reality show.
Ejemplos hay tantos como historias y mentes. Lo cierto
es que la gente vestida del atelier “fama”,
puebla los medios informativos y si la inteligencia
emocional de jóvenes que les aprecian no es lo
suficientemente estable, se descontrolarán “porque
viven la vida, los intereses de otro ser humano y dejan
su esencia y dignidad de lado para imitar y olvidarse
de lo que se quiere para seguir otra imagen”,
según Hayddé Domínguez.
Cuando el pelotero Alex Rodríguez negó
ante los ojos del mundo que era “Made in Dominican
Republic”, Patricia, de 25 años, le retiró
todas las medallas afectivas que le dedicó al
mejor pagado de los Yankees de Nueva York.
Ivania Burgos, maestra y psicóloga, opina que
la cuota de responsabilidad social en figuras del medio,
es mayor o igual que la de padres, amistades o docentes,
pues cada persona es resultado de lo que oye, ve y lee.
Otras experiencias
Jessica, de 23 años, saboreó la hipocresía
de uno de los cantantes del dueto venezolano Servando
y Florentino. Ella, ex-presidenta de varios clubes de
fans, recuerda el amargo episodio protagonizado por
el artista al concluir una presentación en Santo
Domingo.
“Fue decepcionante ver cómo trataba a
las fanáticas. Fue muy hipócrita. Se que
los artistas se cansan de tratar con gente, pero tienen
que entender que ese es su trabajo, que deben tener
mejor cara”, expresó la joven que también
se desencantó al escuchar comentarios sobre Henry,
vocalista del grupo Aventura.
Francisco juega softboll con Los Correcaminos, equipo
fundado con su amigo Robinson Parra. Por “cosa
de Dios”, no llegó a las Grandes Ligas,
pero sigue amando la “pelota” y comparte
su afición con el diseño, la reparación
de computadoras y producción de regguetón
con el proyecto Black Records.
A las almas iluminadas por la fama, les sugiere “valorarse
y no olvidar que quienes permiten que sus carreras sean
como son, es la gente común que paga por verlos
y les permite tener salarios y las cosas que disfrutan
gracias a esos dones que Dios puso en sus vidas. Que
sepan que él es el centro de todo y nos da fuerzas
para seguir siempre adelante”.
Para no perder la individualidad y admirar sin fanatismos,
la psicóloga Ivania Burgos recomienda:
- Ser prudente ante la admiración o inclinación
por alguna persona.
- Se puede admirar y confesarlo, entendiendo que no
son perfectos, no siempre están lindos (o lindas),
como les vemos en televisión; que es gente que
también llora, se enferma, padece y tiene altas
y bajas como el resto de la humanidad.
- No daña querer parecerse (si la figura ejerce
influencias positivas), pero, ojo, a quién quieres
parecerte. Es importante saber si se aprecian conductas
positivas como la persistencia y el esfuerzo para conquistar
determinadas metas.
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