Santo Domingo

Lunes 15 de enero del 2007

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El Roedor
¡Ave, León, quienes van a morir te saludan!
ARISTÓFANES URBÁEZ

Citando la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas, el Almirante Sigfrido Pared, señala -“Seguridad, defensa e identidad nacional”, pág.93- que el Ejecutivo de manera excepcional y ante grave alteración del orden público interno, “podrá (…) decretar la movilización parcial y poner en campaña a las FFAA o parte de ellas”, y afirma que el Alto Mando hará el más riguroso planeamiento, etc., etc. Maquiavelo recomendaba que se arremeta contra los aliados sólo cuando éstos pongan en “peligro” el poder del Príncipe.

Veamos, ahora, sendos ejemplos de Hipólito y Leonel. Si como afirma Juan Manuel García “a Hipólito nadie lo cambia”, con otro estilo de abordar los problemas, creo que el presidente Fernández sufre de la misma enfermedad. ¡Hombres y figuras hasta la sepultura! Emigdio Sosa Vásquez, uno de los hombres de confianza de Leonel y director del Plan Social, me hizo una apuesta en 1996 cuando acompañábamos al Leonel candidato.

Alguien despertó a todos a las 6.00 a.m. porque “la tarea era larga e intensa”. Emigdio hizo el “allante” de levantarse y me hizo una seña: “Bajamos ahorita, El Profesor, bajará a las 8.00 a.m. en punto con su maletín en la mano”. Bajamos media hora antes y la carcajada de guacamayo se oyó en todo el recinto, porque Leonel bajó exactamente a las ocho “con su maletín en la mano”. Son muy pocos los seres humanos que han sacado de quicio al Presidente, y entre ellos se cuenta La Enana Celenia.

Ahora bien: tantos vigores, luchas sueños, sudores, trabajo, constancia, honradez -de la mayoría-, jornadas de 14 y más horas de trabajo, reunionismo, ¿se deben echar al zaguán sólo porque el Presidente que le gusta a los dominicanos se empeña en ser democrático más allá de la comprensión y la ‘sabichosería’ de amplios sectores del pueblo dominicano; primero, unos que no creen en nada, y segundo, porque a una franja de un 40% de esa sociedad lo que le gusta es beber ron, robar, jugar, agachar papeles, el tráfico de influencias, la mordida, el chantaje, el “cógelo suave”, el que “trabaje el pendejo”, el contrabando, la evasión fiscal, el irrespeto a las leyes y a las instituciones y las más disímiles formas de mentiras y engaños.

¿Es el PLD el PRD de 1963, que sólo servía para hablar y dejó que la oligarquía, tres curas católicos y el imperio, tumbaran al presidente Bosch, el más democrático de nuestra historia? No es la misma sociedad, pero en ella sigue predominando -como lo estudió don Juan en varios textos- el elemento pequeño burgués, oportunista, artero y trepador, al tener su pedazo del biscocho, le importa “que el diablo se lleve al demonio”.

Mientras el Presidente proclama en la UASD que hay que introducir en la reforma constitucional elementos que impidan los métodos autoritarios del pasado, ¿el Poder (que según don Juan es el monopolio de la fuerza a través de los institutos armados y la Policía y de otros poderes fácticos, “El Estado: orígenes y desarrollo”) permitirá que dos o tres empresarios choferiles, insensatos y descarados, hagan que la zozobra del pueblo estalle? -y quiero aclarar no obedecen a la Ley sino a intereses oscuros que se enlazan hasta con las FARC colombianas- en una poblada, fruto del descontento.

¿Dejaremos que la sinrazón dañe la psiquis del dominicano la idea de que el Gobierno y el Poder Ejecutivo son irresolutos y que sólo toman medida en un “consenso”, pero un consenso que sólo beneficia al que comercia, al que vende, al que fabrica o da algún servicio, pero nunca al pueblo? No, Presidente, los que votamos somos más y no votamos para que eso pase o “se vea así”, y la prueba de que son empresarios del transporte son unos vagabundos fue que no hicieron huelga al pasado gobierno, que no le aumentó un centavo a nadie, aunque sí rebajó un 8% a guardias y policías, están sometidos a la Justicia, mientras Hubieres dijo que un tal Marte le vendió al Renove y sus directivos 2 mil chatarras, depositadas en el Canódromo, por guaguas nuevas, financiadas por el Estado. El trayecto que nos falta no podemos pasárnoslo en esta zozobra. Perdamos un mes, pero recuperemos los dos años que nos faltan.

Eso se logra con “medidas especiales” que impongan la dictadura de la ley. La “democradura”, como le llama don Federico Henríquez Gratereaux.

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