Citando
la Ley Orgánica de
las Fuerzas Armadas, el
Almirante Sigfrido Pared,
señala -“Seguridad, defensa e
identidad nacional”, pág.93- que
el Ejecutivo de manera excepcional
y ante grave alteración del
orden público interno, “podrá
(…) decretar la movilización parcial
y poner en campaña a las
FFAA o parte de ellas”, y afirma
que el Alto Mando hará el más
riguroso planeamiento, etc., etc.
Maquiavelo recomendaba que se
arremeta contra los aliados sólo
cuando éstos pongan en “peligro”
el poder del Príncipe.
Veamos, ahora, sendos
ejemplos
de Hipólito y Leonel. Si
como afirma Juan Manuel García
“a Hipólito nadie lo cambia”,
con otro estilo de abordar los
problemas, creo que el presidente
Fernández sufre de la misma
enfermedad. ¡Hombres y figuras
hasta la sepultura! Emigdio Sosa
Vásquez, uno de los hombres
de confianza de Leonel y director
del Plan Social, me hizo una
apuesta en 1996 cuando acompañábamos
al Leonel candidato.
Alguien despertó
a todos a las
6.00 a.m. porque “la tarea era
larga e intensa”. Emigdio hizo
el “allante” de levantarse y me
hizo una seña: “Bajamos ahorita,
El Profesor, bajará a las 8.00
a.m. en punto con su maletín en
la mano”. Bajamos media hora
antes y la carcajada de guacamayo
se oyó en todo el recinto,
porque Leonel bajó exactamente
a las ocho “con su maletín en la
mano”. Son muy pocos los seres
humanos que han sacado de quicio
al Presidente, y entre ellos se
cuenta La Enana Celenia.
Ahora bien: tantos
vigores,
luchas sueños, sudores, trabajo,
constancia, honradez -de la mayoría-,
jornadas de 14 y más horas de
trabajo, reunionismo, ¿se deben
echar al zaguán sólo porque el
Presidente que le gusta a los dominicanos
se empeña en ser democrático
más allá de la comprensión
y la ‘sabichosería’ de amplios
sectores del pueblo dominicano;
primero, unos que no creen en
nada, y segundo, porque a una
franja de un 40% de esa sociedad
lo que le gusta es beber ron, robar,
jugar, agachar papeles, el tráfico
de influencias, la mordida, el
chantaje, el “cógelo suave”, el que
“trabaje el pendejo”, el contrabando,
la evasión fiscal, el irrespeto a
las leyes y a las instituciones y las
más disímiles formas de mentiras
y engaños.
¿Es el PLD
el PRD de 1963, que
sólo servía para hablar y dejó
que
la oligarquía, tres curas católicos
y el imperio, tumbaran al
presidente Bosch, el más democrático
de nuestra historia?
No es la misma sociedad,
pero en ella sigue predominando
-como lo estudió don Juan en
varios textos- el elemento pequeño
burgués, oportunista, artero
y trepador, al tener su pedazo del
biscocho, le importa “que el diablo
se lleve al demonio”.
Mientras el Presidente
proclama
en la UASD que hay que
introducir en la reforma constitucional
elementos que impidan
los métodos autoritarios
del pasado, ¿el Poder (que según
don Juan es el monopolio de la
fuerza a través de los institutos
armados y la Policía y de otros
poderes fácticos, “El Estado: orígenes
y desarrollo”) permitirá
que dos o tres empresarios choferiles,
insensatos y descarados,
hagan que la zozobra del pueblo
estalle? -y quiero aclarar no obedecen
a la Ley sino a intereses
oscuros que se enlazan hasta con
las FARC colombianas- en una
poblada, fruto del descontento.
¿Dejaremos
que la sinrazón dañe
la psiquis del dominicano la idea
de que el Gobierno y el Poder Ejecutivo
son irresolutos y que sólo
toman medida en un “consenso”,
pero un consenso que sólo
beneficia al que comercia, al que
vende, al que fabrica o da algún
servicio, pero nunca al pueblo?
No, Presidente, los que votamos
somos más y no votamos para
que eso pase o “se vea así”, y la
prueba de que son empresarios
del transporte son unos vagabundos
fue que no hicieron huelga
al pasado gobierno, que no
le aumentó un centavo a nadie,
aunque sí rebajó un 8% a guardias
y policías, están sometidos
a la Justicia, mientras Hubieres
dijo que un tal Marte le vendió
al Renove y sus directivos 2
mil chatarras, depositadas en el
Canódromo, por guaguas nuevas,
financiadas por el Estado.
El trayecto que nos falta no
podemos pasárnoslo en esta zozobra.
Perdamos un mes, pero recuperemos
los dos años que nos faltan.
Eso se logra con
“medidas
especiales” que impongan la dictadura
de la ley. La “democradura”,
como le llama don Federico
Henríquez Gratereaux.
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