Santo Domingo

Lunes 15 de enero del 2007

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OPINIÓN

¿Es el PLD un partido progresista?

 
JULIO ORTEGA TOUS

Es el PLD de izquierda? ¿Es de derecha, de centro? En resumen, ¿es el partido de gobierno un partido progresista? ¿Es un partido conservador? La pregunta parece ociosa. Cuando el Profesor Juan Bosch fundó el PLD en 1973 lo hizo como antítesis a la derechización que había experimentado el PRD entre 1966 y 1973. Bosch lo explicó de forma muy clara: la baja-pobre y muy pobre pequeña burguesía -ver “Composición Social Dominicana”- copó el PRD a todos los niveles, y sólo le interesaba su enriquecimiento personal y su ascenso social. En el pasado quedaron las posiciones “nacionalistas y revolucionarias” del PRD de 1939 y de 1961. En otras palabras: el PRD desde 1973 era irreformable. Por ello había que fundar una nueva organización política con la meta de lograr la liberación nacional de la República Dominicana. La historia parece haberle dado la razón al análisis del Profesor Bosch.

Luego de las elecciones de 1978 el PRD se convirtió en una organización que olvidó totalmente su programa de reformas y se dedicó a enriquecer sus jerarcas en el poder y a una lucha de grupos internos por el control del gobierno, a fin de controlar la renta que genera el sector público. La organización del PRD se descompuso y toda su vida se centró en los “jefes” grupales, con el Dr. Peña Gómez como árbitro con poderes casi dictatoriales al interior del partido. Años después, el PPH fue la más burda expresión de esa degeneración caracterizada por el Profesor Bosch desde 1973, encabezando un gobierno donde se generalizó el crimen, la corrupción, el entreguismo y desapareció cualquier preocupación por la justicia social.

El PLD se fundó para ser la antítesis del PRD. Un partido de cuadros disciplinados y de organismos por encima de los individuos y el desorden. Ideológicamente educados. Centrados sobre posturas políticas muy definidas. En el campo internacional tomó claramente el partido por las luchas de liberación. La lucha contra las dictaduras en América Latina. La defensa del gobierno de izquierda de Salvador Allende. La defensa de la Revolución cubana. La educación de los cuadros del PLD se hacía con toda la metodología marxista. El propio Profesor Bosch se declaró personalmente marxista, pero no leninista, a pesar que el partido que dirigía se parecía más que todo al partido bolchevique que a cualquier otra forma de organización.

En resumen, el PLD se situó a la izquierda de la socialdemocracia, en el contexto de la nueva izquierda latinoamericana. Rompió con sus tradicionales aliados de la llamada “izquierda democrática”, como Luis Muñoz Marín de Puerto Rico, Pepe Figueres de Costa Rica, y Rómulo Betancourt de Venezuela, entre otros, que se alinearon con la Internacional Socialista. Los comités intermedios del PLD llevaron nombres emblemáticos. Ho Chi Ming; Máximo Gómez; Pedro Albizu Campos; Eugenio María de Hostos, entre otros personajes de la lucha revolucionaria. Los propios emblemas del PLD son sacados de la parafernalia del FLN vietnamita. En lugar de la bandera roja, que ya había sido apropiada por Balaguer, tomó el morado de la República Española antifascista y la estrella amarilla de Ho Chi Ming. Bosch construyó un partido de izquierda, sin lugar a dudas.

La izquierda tradicional dominicana lo combatió, comenzando con el PCD y los partidos castristas y maoístas -el MPD, la Línea Roja del 1J4, el Pacoredo, etc., etc.- sin comprender el papel que pudo jugar una alianza con el PLD boschista. La excepción fue el PSP y el PS-Corecato.

En 1994 se produjo una importante transición generacional en el PLD. El Profesor Bosch, viejo y enfermo, dejó la plaza a los nuevos jóvenes que habían surgido en la construcción del partido. La “vieja guardia” boschista fue superada y la elección interna de Leonel Fernández, primero para candidato a la Vicepresidencia en 1994, y luego a la Presidencia en 1996, comenzó a cambiar el viejo partido cerrado de cuadros. Al menos su política de alianzas. El triunfo electoral de 1996, apoyado por el Dr. Balaguer para derrotar al Dr. Peña Gómez, que elevó al Dr. Leonel Fernández a la Presidencia, fue un salto generacional y dialéctico. Ya no sería posible conservar la misma estructura. Había que cambiar el partido. Recuerdo que en aquellos años, Miguel Cocco me dijo en 1996 que el PLD apenas tenía 13,000 miembros y que su dirección “cabía en una guagua”. Pero esos años debieron ser de equilibrios y acuerdos.

El PLD llegó al gobierno con el apoyo de Balaguer. No podía romper con este, a menos de crear una crisis política. Sin embargo, los roces y los encontronazos - recordemos que el termino “comesolo” fue una creación de los reformistas- llevaron a que no se diera alianza en las elecciones de medio término en 1998 y tampoco en el 2000 en las presidenciales. En esas condiciones el PLD, con uno de sus hombres claves, Danilo Medina, quedó en segundo lugar, pero no pudo obtener de nuevo el apoyo de Balaguer para la segunda vuelta. En la oposición como en el gobierno 1996-2000 se consolidó el liderazgo del binomio Leonel-Danilo.

Se cambiaron los estatutos. Se eliminaron las precondiciones para convertirse en miembro o militante del partido. El PLD se propuso masificarse y llegar a un millón de miembros. La masificación, en las condiciones sociales de este país, es la transformación en un partido de ideas y programas, a un partido de clientela. El PLD sigue siendo el partido más progresista del espectro político de los grandes partidos. Pero su dirección debe reflexionar hacia dónde quiere ir. El clientelismo presiona mucho al PLD. La política de que “el poder sale de los cuartos” ha hecho muchos agujeros en el partido del Profesor Bosch. En política nacional e internacional también el partido ha retrocedido en aspectos fundamentales.

No quiere esto decir que hay que estar clavado a los mismos conceptos de hace 33 años. Pero la tentación del conservadurismo es grande. Hace unos días quedé estupefacto cuando leí en un diario que un diputado “leonelista” acusaba a gritos a otro diputado “danilista” de ser “un izquierdoso y un anarquista”.

Creo que en medio del peligro que representa la lucha interna por candidaturas, que es normal, pero que hay que normar y organizar, el PLD debe volver al espíritu de Juan Bosch. Al espíritu de un partido nacionalista, soberanista, de izquierda democrática, de la “nueva izquierda” de América Latina, y poder de esta forma reconducirse como un partido de masas y de izquierda, sin perder sus esencias y conservando la unidad interna. Volver por un minuto a sus orígenes. Actualizarlos en este nuevo milenio y ser un partido “para servir al pueblo”, como enseñó tantas veces el fundador del PLD.

 
 
 
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