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Es el PLD de izquierda? ¿Es de derecha,
de centro? En resumen, ¿es
el partido de gobierno un partido
progresista? ¿Es un partido conservador?
La pregunta parece ociosa. Cuando
el Profesor Juan Bosch fundó el PLD en
1973 lo hizo como antítesis a la derechización
que había experimentado el PRD
entre 1966 y 1973. Bosch lo explicó de
forma muy clara: la baja-pobre y muy
pobre pequeña burguesía -ver “Composición
Social Dominicana”- copó el PRD
a todos los niveles, y sólo le interesaba
su enriquecimiento personal y su ascenso
social. En el pasado quedaron las posiciones
“nacionalistas y revolucionarias”
del PRD de 1939 y de 1961. En otras palabras:
el PRD desde 1973 era irreformable.
Por ello había que fundar una nueva organización
política con la meta de lograr la
liberación nacional de la República Dominicana.
La historia parece haberle dado
la razón al análisis del Profesor Bosch.
Luego de las elecciones de 1978 el PRD se
convirtió en una organización que olvidó
totalmente su programa de reformas
y se dedicó a enriquecer sus jerarcas en
el poder y a una lucha de grupos internos
por el control del gobierno, a fin de
controlar la renta que genera el sector
público. La organización del PRD se descompuso
y toda su vida se centró en los
“jefes” grupales, con el Dr. Peña
Gómez
como árbitro con poderes casi dictatoriales
al interior del partido. Años después,
el PPH fue la más burda expresión de esa
degeneración caracterizada por el Profesor
Bosch desde 1973, encabezando un
gobierno donde se generalizó el crimen,
la corrupción, el entreguismo y desapareció
cualquier preocupación por la justicia
social.
El PLD se fundó para ser la antítesis
del PRD. Un partido de cuadros disciplinados
y de organismos por encima de
los individuos y el desorden. Ideológicamente
educados. Centrados sobre posturas
políticas muy definidas. En el campo
internacional tomó claramente el partido
por las luchas de liberación. La lucha
contra las dictaduras en América Latina.
La defensa del gobierno de izquierda de
Salvador Allende. La defensa de la Revolución
cubana. La educación de los cuadros
del PLD se hacía con toda la metodología
marxista. El propio Profesor Bosch
se declaró personalmente marxista, pero
no leninista, a pesar que el partido que
dirigía se parecía más que todo
al partido
bolchevique que a cualquier otra forma
de organización.
En resumen, el PLD se
situó a la izquierda de la socialdemocracia,
en el contexto de la nueva izquierda
latinoamericana. Rompió con sus tradicionales
aliados de la llamada “izquierda
democrática”, como Luis Muñoz Marín
de Puerto Rico, Pepe Figueres de Costa
Rica, y Rómulo Betancourt de Venezuela,
entre otros, que se alinearon con la Internacional
Socialista. Los comités intermedios
del PLD llevaron nombres emblemáticos.
Ho Chi Ming; Máximo Gómez;
Pedro Albizu Campos; Eugenio María
de Hostos, entre otros
personajes de la lucha
revolucionaria. Los
propios emblemas del
PLD son sacados de la
parafernalia del FLN
vietnamita. En lugar
de la bandera roja, que
ya había sido apropiada por Balaguer,
tomó el morado de la República Española
antifascista y la estrella amarilla
de Ho Chi Ming. Bosch construyó un
partido de izquierda, sin lugar a dudas.
La izquierda tradicional dominicana lo
combatió, comenzando con el PCD y los
partidos castristas y maoístas -el MPD,
la Línea Roja del 1J4, el Pacoredo, etc.,
etc.- sin comprender el papel que pudo
jugar una alianza con el PLD boschista.
La excepción fue el PSP y el PS-Corecato.
En 1994 se produjo una importante transición
generacional en el PLD. El Profesor
Bosch, viejo y enfermo, dejó la plaza
a los nuevos jóvenes que habían surgido
en la construcción del partido. La “vieja
guardia” boschista fue superada y la elección
interna de Leonel Fernández, primero
para candidato a la Vicepresidencia
en 1994, y luego a la Presidencia en
1996, comenzó a cambiar el viejo partido
cerrado de cuadros. Al menos su política
de alianzas. El triunfo electoral de
1996, apoyado por el Dr. Balaguer para
derrotar al Dr. Peña Gómez, que elevó
al
Dr. Leonel Fernández a la Presidencia,
fue un salto generacional y dialéctico.
Ya no sería posible conservar la misma
estructura. Había que cambiar el partido.
Recuerdo que en aquellos años, Miguel
Cocco me dijo en 1996 que el PLD apenas
tenía 13,000 miembros y que su dirección
“cabía en una guagua”. Pero esos
años
debieron ser de equilibrios y acuerdos.
El PLD llegó al gobierno con el apoyo
de Balaguer. No podía romper con este,
a menos de crear una crisis política. Sin
embargo, los roces y los encontronazos -
recordemos que el termino “comesolo”
fue una creación de los reformistas- llevaron
a que no se diera alianza en las
elecciones de medio término en 1998 y
tampoco en el 2000 en las presidenciales.
En esas condiciones el PLD, con uno
de sus hombres claves, Danilo Medina,
quedó en segundo lugar, pero no pudo
obtener de nuevo el apoyo de Balaguer
para la segunda vuelta. En la oposición
como en el gobierno 1996-2000 se consolidó
el liderazgo del binomio Leonel-Danilo.
Se cambiaron los estatutos. Se eliminaron
las precondiciones para convertirse
en miembro o militante del partido.
El PLD se propuso masificarse y llegar
a un millón de miembros. La masificación,
en las condiciones sociales de este
país, es la transformación en un partido
de ideas y programas, a un partido de
clientela. El PLD sigue siendo el partido
más progresista del espectro político
de
los grandes partidos. Pero su dirección
debe reflexionar hacia dónde quiere ir.
El clientelismo presiona mucho al PLD.
La política de que “el poder sale de los
cuartos” ha hecho muchos agujeros en
el partido del Profesor Bosch. En política
nacional e internacional también el partido
ha retrocedido en aspectos fundamentales.
No quiere esto decir que hay
que estar clavado a los mismos conceptos
de hace 33 años. Pero la tentación del
conservadurismo es grande. Hace unos
días quedé estupefacto cuando leí
en un
diario que un diputado “leonelista” acusaba
a gritos a otro diputado “danilista”
de ser “un izquierdoso y un anarquista”.
Creo que en medio del peligro que
representa la lucha interna por candidaturas,
que es normal, pero que hay que
normar y organizar, el PLD debe volver
al espíritu de Juan Bosch. Al espíritu
de un partido nacionalista, soberanista,
de izquierda democrática, de la “nueva
izquierda” de América Latina, y poder
de esta forma reconducirse como un partido
de masas y de izquierda, sin perder
sus esencias y conservando la unidad
interna. Volver por un minuto a sus orígenes.
Actualizarlos en este nuevo milenio
y ser un partido “para servir al pueblo”,
como enseñó tantas veces el fundador
del PLD.
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