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SANTO DOMINGO.- La sabiduría
popular repite con frecuencia que los verdaderos padres
no son aquellos que engendran o traen al mundo a un
niño, sino aquellos que le ofrecen el amor y
los cuidados necesarios para su sano desarrollo.
Y dotar a los menores de un núcleo familiar
seguro y estable constituye, precisamente, la principal
razón de ser de la adopción, definida
por las leyes dominicanas como una institución
jurídica de orden público e interés
social que permite crear, mediante sentencia, un vínculo
de filiación voluntario entre personas que no
lo tienen por naturaleza.
Se trata, pues, de un procedimiento considerado para
casos excepcionales, cuando revista la importancia social
y humana de proteger a un niño o niña.
“Por la Convención de los Derechos del
Niño no se le busca un niño a una familia,
sino que se le busca una familia a un niño”,
explica Kirsys Fernández, presidenta ejecutiva
del Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia
(Conani), único organismo responsable de canalizar
la fase administrativa de adopción en República
Dominicana.
Entre enero y octubre del año pasado, el Departamento
de Adopciones del Conani completó 86 procesos
de adopción. En 17 de esos casos estuvieron involucrados
niños abandonados, de filiación desconocida.
En el 2005, se ventilaron 107 procesos y en el 2004,
151.
Una adopción puede extenderse de nueve meses
a un año, cuando hay niños candidatos,
pero puede tomar mucho más tiempo cuando no los
hay.
Hoy, según la presidenta del Conani, hay 197
expedientes en espera y sólo cuatro menores que
podrían ser adoptados.
“Hay muchos niños dominicanos que están
faltos de hogar y aquellos que tienen la suerte de llegar
a nosotros, hacemos hasta lo imposible para que el día
que entregamos un niño a una familia sea una
familia totalmente segura y que su bienestar esté
garantizado”, comenta Fernández.
Adoptar, opción para vivir en familia
Cuando una pareja llega al Consejo Nacional para la
Niñez y la Adolescencia (Conani) con el interés
de adoptar a un menor, se abre un expediente numerado
y se le informa sobre toda la documentación que
debe depositar y de los pasos que debe seguir durante
el trámite.
El proceso es largo y puede resultar tedioso. El número
del expediente de los solicitantes que cumplan con todos
los requisitos establecidos por la ley determina el
orden de prioridad que se les dará cuando haya
niños candidatos a la adopción, ya sea
porque sus padres los han entregado al Conani, porque
han sido declarados en estado de abandono y no hay nadie
de su familia que se haga cargo de ellos o porque un
tribunal de menores ha despojado a sus progenitores
de la autoridad parental.
La fase de investigación para determinar si
el niño cuenta o no con familiares que se hagan
cargo de su cuidado es una de las más largas,
pero no debe pasarse por alto. Se han presentado casos
de madres que abandonan a sus hijos y vuelven por ellos
después de varios meses.
Evaluaciones
Los adoptantes, por otro lado, deben someterse a evaluaciones
sicológicas y sociales que determinen su idoneidad
para desempeñar el rol de padres.
“Se requiere cierta edad y condiciones morales,
cierta condición económica, pero no necesariamente
(experiencia en la crianza)”, dice Kirsys Fernández,
presidenta ejecutiva del Conani. Según la Ley
136-03, pueden adoptar las personas entre 30 y 60 años
de edad, casadas o solteras; los cónyuges dominicanos
casados durante tres años, extranjeros casados
durante cinco años o la pareja dominicana formada
por un hombre y una mujer, con un mínimo de cinco
años de convivencia.
Además de las pruebas de salud, hay que tener
la seguridad de que se necesita ampliar la familia,
como se deduce del caso de una pareja de extranjeros
que devolvió a una niña que había
adoptado sólo una semana después de vivir
con ella. La mujer argumentó que no estaba preparada
para ser madre.
Para la sicóloga clínica Esther Wong,
gerente general del Conani, lo primero es estar convencido
de que se desea extender la familia mediante una adopción,
de que se tiene la aptitud para la crianza y para aceptar
a un ente extraño dentro de la familia.
Este convencimiento sirve, asimismo, para sobrellevar
mejor el tiempo de espera que pasa entre el momento
de la solicitud y el de la adopción en sí.
Cuando la pareja está lista se le muestra una
foto del niño o niña candidato, que se
asigna tomando en cuenta que sus rasgos se parezcan
a los de alguno de los adoptantes. Esto se da en el
caso de los dominicanos, pues los extranjeros no reparan
tanto en el aspecto físico del menor.
Entre las últimas adopciones se encuentran
varios niños de origen haitiano abandonados en
los hospitales y entregados a extranjeros porque, según
Fernández, la experiencia ha demostrado que la
mayoría de los solicitantes dominicanos no desean
adoptar a los hijos de haitianos.
Sobre esta situación la presidenta del Conani
cuenta: “Cuando asumimos la posición en
Conani, se nos llenó el Hogar (de Acogida) de
niños haitianos y no sabíamos qué
hacer y convocamos una reunión con el embajador
de Haití en República Dominicana y le
explicamos lo que estaba pasando y él nos dijo
que entendía que lo mejor que podía pasar
era que los niños fueran dados en adopción
porque para ellos iba a ser difícil encontrar
a las madres aquí o en Haití, porque regularmente
llegan a los hospitales y hasta dan nombres falsos”.
Modalidades de adopción
El Código para el Sistema de Protección
y los Derechos Fundamentales de los Niños, Niñas
y Adolescentes (Ley 136-03) establece que la adopción
es sólo privilegiada, además de irrevocable,
y puede ser nacional o internacional.
¿Por qué privilegiada? Porque, en palabras
de Kirsys Fernández, “adoptar es una decisión
admirable y que hay que respetar, conlleva gastos, tiempo
y estrés. Es un proceso un poco difícil
para una pareja”.
Aun así, los solicitantes deben ceñirse
a determinados criterios previamente establecidos. Por
ejemplo, los dominicanos tienen prioridad por encima
de los extranjeros, como una forma de respetar las raíces
del menor.
Pero hay niños que no encuentran quién
se quiera hacer cargo de ellos en su país de
origen. Es lo que sucede con los bebés haitianos
abandonados en los hospitales y con los dominicanos
más grandecitos (los adoptantes criollos prefieren
a los bebés, para moldear su carácter
desde muy temprano).
En casos como los citados, los pequeños pueden
ser entregados a extranjeros, preferiblemente de países
que se hayan adherido a la Convención de La Haya
sobre Adopción.
De los 86 casos de adopción completados por
el Conani entre enero y octubre del año pasado,
33 fueron internacionales. De ese total, 21 adopciones
fueron hechas por estadounidenses; cinco por españoles
y cuatro por puertorriqueños; mientras que las
tres restantes corresponden a solicitantes de Bélgica,
Alemania e Italia.
Extranjeros
Diversas razones mueven a los extranjeros a adoptar
en República Dominicana. Según Fernández
de Valenzuela, los estadounidenses que adoptan aquí
son generalmente de origen dominicano o de pareja dominicana;
entretanto, los europeos vienen porque en sus naciones
no hay niños para adoptar y porque una adopción
en América Latina “es más fácil,
más viable para ellos, más económico
que hacerlo en un país europeo; el costo que
conlleva para ellos hacer una adopción en República
Dominicana es el tiempo que tienen que pasar aquí
haciendo trámites, que es como dos mesesÖ
y lo que les pueda cobrar un abogado, porque instituciones
como Conani y los tribunales no cobran nada”.
La estancia en el país es necesaria no sólo
para fines de trámites. Tanto en el caso de las
adopciones internacionales como en las nacionales, una
vez la pareja acepta al niño o niña que
la Comisión de Asignación propone, se
inicia un período de socialización durante
el cual el menor comparte con sus padres potenciales.
“El período de socialización es
un tiempo para que la pareja y el niño se conozcan
bajo la observación del personal del Conani,
y vemos en ese proceso si ellos están verdaderamente
listos para integrar al niño a su familia”,
explica Esther Wong, sicóloga clínica
y terapeuta familiar.
Los encuentros se realizan fuera del Hogar de Acogida
Moisés, donde viven los niños abandonados
y cuya ubicación no se revela para salvaguardar
la integridad de los menores y evitar cualquier intento
de manipulación durante el proceso de adopción,
porque, como dice Fernández: “Los niños
no son un artículo expuesto en un mercado para
que vayan y los elijan”.
La supervisión no termina con la sentencia
que crea la nueva e irrevocable filiación. El
Conani está en la obligación de dar seguimiento
a la familia dos veces al año durante los cinco
años que siguen a la adopción.
Sea cual fuere la modalidad de la adopción,
tanto Fernández como Wong recomiendan a los nuevos
padres hacerle saber al menor que es adoptado, pues,
de todos modos, en algún momento éste
buscará su origen.
“Usted tiene que estar preparado, porque desde
que el niño llega a la adultez empieza a buscar
en su pasado”, afirma Fernández.
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