Santo Domingo

Lunes 15 de enero del 2007

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LA VIDA

Un vínculo con valor social y humano ¿Por qué asumir tal responsabilidad?

VIRGINIA JACLIN CAMPOS
 
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SANTO DOMINGO.- La sabiduría popular repite con frecuencia que los verdaderos padres no son aquellos que engendran o traen al mundo a un niño, sino aquellos que le ofrecen el amor y los cuidados necesarios para su sano desarrollo.

Y dotar a los menores de un núcleo familiar seguro y estable constituye, precisamente, la principal razón de ser de la adopción, definida por las leyes dominicanas como una institución jurídica de orden público e interés social que permite crear, mediante sentencia, un vínculo de filiación voluntario entre personas que no lo tienen por naturaleza.

Se trata, pues, de un procedimiento considerado para casos excepcionales, cuando revista la importancia social y humana de proteger a un niño o niña.

“Por la Convención de los Derechos del Niño no se le busca un niño a una familia, sino que se le busca una familia a un niño”, explica Kirsys Fernández, presidenta ejecutiva del Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (Conani), único organismo responsable de canalizar la fase administrativa de adopción en República Dominicana.

Entre enero y octubre del año pasado, el Departamento de Adopciones del Conani completó 86 procesos de adopción. En 17 de esos casos estuvieron involucrados niños abandonados, de filiación desconocida. En el 2005, se ventilaron 107 procesos y en el 2004, 151.

Una adopción puede extenderse de nueve meses a un año, cuando hay niños candidatos, pero puede tomar mucho más tiempo cuando no los hay.

Hoy, según la presidenta del Conani, hay 197 expedientes en espera y sólo cuatro menores que podrían ser adoptados.

“Hay muchos niños dominicanos que están faltos de hogar y aquellos que tienen la suerte de llegar a nosotros, hacemos hasta lo imposible para que el día que entregamos un niño a una familia sea una familia totalmente segura y que su bienestar esté garantizado”, comenta Fernández.

Adoptar, opción para vivir en familia
Cuando una pareja llega al Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (Conani) con el interés de adoptar a un menor, se abre un expediente numerado y se le informa sobre toda la documentación que debe depositar y de los pasos que debe seguir durante el trámite.

El proceso es largo y puede resultar tedioso. El número del expediente de los solicitantes que cumplan con todos los requisitos establecidos por la ley determina el orden de prioridad que se les dará cuando haya niños candidatos a la adopción, ya sea porque sus padres los han entregado al Conani, porque han sido declarados en estado de abandono y no hay nadie de su familia que se haga cargo de ellos o porque un tribunal de menores ha despojado a sus progenitores de la autoridad parental.

La fase de investigación para determinar si el niño cuenta o no con familiares que se hagan cargo de su cuidado es una de las más largas, pero no debe pasarse por alto. Se han presentado casos de madres que abandonan a sus hijos y vuelven por ellos después de varios meses.

Evaluaciones
Los adoptantes, por otro lado, deben someterse a evaluaciones sicológicas y sociales que determinen su idoneidad para desempeñar el rol de padres.

“Se requiere cierta edad y condiciones morales, cierta condición económica, pero no necesariamente (experiencia en la crianza)”, dice Kirsys Fernández, presidenta ejecutiva del Conani. Según la Ley 136-03, pueden adoptar las personas entre 30 y 60 años de edad, casadas o solteras; los cónyuges dominicanos casados durante tres años, extranjeros casados durante cinco años o la pareja dominicana formada por un hombre y una mujer, con un mínimo de cinco años de convivencia.

Además de las pruebas de salud, hay que tener la seguridad de que se necesita ampliar la familia, como se deduce del caso de una pareja de extranjeros que devolvió a una niña que había adoptado sólo una semana después de vivir con ella. La mujer argumentó que no estaba preparada para ser madre.

Para la sicóloga clínica Esther Wong, gerente general del Conani, lo primero es estar convencido de que se desea extender la familia mediante una adopción, de que se tiene la aptitud para la crianza y para aceptar a un ente extraño dentro de la familia.

Este convencimiento sirve, asimismo, para sobrellevar mejor el tiempo de espera que pasa entre el momento de la solicitud y el de la adopción en sí. Cuando la pareja está lista se le muestra una foto del niño o niña candidato, que se asigna tomando en cuenta que sus rasgos se parezcan a los de alguno de los adoptantes. Esto se da en el caso de los dominicanos, pues los extranjeros no reparan tanto en el aspecto físico del menor.

Entre las últimas adopciones se encuentran varios niños de origen haitiano abandonados en los hospitales y entregados a extranjeros porque, según Fernández, la experiencia ha demostrado que la mayoría de los solicitantes dominicanos no desean adoptar a los hijos de haitianos.

Sobre esta situación la presidenta del Conani cuenta: “Cuando asumimos la posición en Conani, se nos llenó el Hogar (de Acogida) de niños haitianos y no sabíamos qué hacer y convocamos una reunión con el embajador de Haití en República Dominicana y le explicamos lo que estaba pasando y él nos dijo que entendía que lo mejor que podía pasar era que los niños fueran dados en adopción porque para ellos iba a ser difícil encontrar a las madres aquí o en Haití, porque regularmente llegan a los hospitales y hasta dan nombres falsos”.

Modalidades de adopción
El Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de los Niños, Niñas y Adolescentes (Ley 136-03) establece que la adopción es sólo privilegiada, además de irrevocable, y puede ser nacional o internacional.

¿Por qué privilegiada? Porque, en palabras de Kirsys Fernández, “adoptar es una decisión admirable y que hay que respetar, conlleva gastos, tiempo y estrés. Es un proceso un poco difícil para una pareja”.

Aun así, los solicitantes deben ceñirse a determinados criterios previamente establecidos. Por ejemplo, los dominicanos tienen prioridad por encima de los extranjeros, como una forma de respetar las raíces del menor.

Pero hay niños que no encuentran quién se quiera hacer cargo de ellos en su país de origen. Es lo que sucede con los bebés haitianos abandonados en los hospitales y con los dominicanos más grandecitos (los adoptantes criollos prefieren a los bebés, para moldear su carácter desde muy temprano).

En casos como los citados, los pequeños pueden ser entregados a extranjeros, preferiblemente de países que se hayan adherido a la Convención de La Haya sobre Adopción.

De los 86 casos de adopción completados por el Conani entre enero y octubre del año pasado, 33 fueron internacionales. De ese total, 21 adopciones fueron hechas por estadounidenses; cinco por españoles y cuatro por puertorriqueños; mientras que las tres restantes corresponden a solicitantes de Bélgica, Alemania e Italia.

Extranjeros
Diversas razones mueven a los extranjeros a adoptar en República Dominicana. Según Fernández de Valenzuela, los estadounidenses que adoptan aquí son generalmente de origen dominicano o de pareja dominicana; entretanto, los europeos vienen porque en sus naciones no hay niños para adoptar y porque una adopción en América Latina “es más fácil, más viable para ellos, más económico que hacerlo en un país europeo; el costo que conlleva para ellos hacer una adopción en República Dominicana es el tiempo que tienen que pasar aquí haciendo trámites, que es como dos mesesÖ y lo que les pueda cobrar un abogado, porque instituciones como Conani y los tribunales no cobran nada”.

La estancia en el país es necesaria no sólo para fines de trámites. Tanto en el caso de las adopciones internacionales como en las nacionales, una vez la pareja acepta al niño o niña que la Comisión de Asignación propone, se inicia un período de socialización durante el cual el menor comparte con sus padres potenciales.

“El período de socialización es un tiempo para que la pareja y el niño se conozcan bajo la observación del personal del Conani, y vemos en ese proceso si ellos están verdaderamente listos para integrar al niño a su familia”, explica Esther Wong, sicóloga clínica y terapeuta familiar.

Los encuentros se realizan fuera del Hogar de Acogida Moisés, donde viven los niños abandonados y cuya ubicación no se revela para salvaguardar la integridad de los menores y evitar cualquier intento de manipulación durante el proceso de adopción, porque, como dice Fernández: “Los niños no son un artículo expuesto en un mercado para que vayan y los elijan”.

La supervisión no termina con la sentencia que crea la nueva e irrevocable filiación. El Conani está en la obligación de dar seguimiento a la familia dos veces al año durante los cinco años que siguen a la adopción.

Sea cual fuere la modalidad de la adopción, tanto Fernández como Wong recomiendan a los nuevos padres hacerle saber al menor que es adoptado, pues, de todos modos, en algún momento éste buscará su origen.

“Usted tiene que estar preparado, porque desde que el niño llega a la adultez empieza a buscar en su pasado”, afirma Fernández.

 
 
 
 
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