| II
DE II
SANTO DOMINGO.- Además
de los personajes femeninos, aparecen el padre de Cardona
y su mismo asistente, el teniente Elías. También
el Dr. Logroño, el patólogo forense. El
padre representa la vieja generación. Elías,
parte de la nueva, de la de Cardona, pues éste
es todavía joven. Logroño, con sus acertadas
autopsias, es parte del mismo Cardona, o sea, un ente
racional, pues también lleva “luz”
a las “sombras”. La generación futura
la representa Miguelón, el sobrino del capitán,
un joven aburrido y sin perspectiva, el cual se la pasa
comiendo y persiguiendo a las muchachas del barrio.
Esa sociedad “en sombras” en que viven
los dominicanos no surgió de la nada. Algo ocurrió
para que las cosas degeneraran hasta ese extremo.
No en balde Cardona no está casado, ni se le
reconocen relaciones estables. Es que el presente que
él representa está condicionado por lo
que ocurrió, y un futuro (el suyo, representado
a través de un posible matrimonio y la procreación,
y el de las futuras generaciones, representado por la
niña violada y muerta) simplemente no es posible.
El único futuro que es posible entrever es tanto
la continuación del caos actual (lo que ocurre
con Odette y Elías), como el que está
representado por su indolente sobrino.
Algo ocurrió en la sociedad que la llevó
a ese presente que se vive y que la llevará a
un futuro similar. Es que el tránsito que se
dio, de la falta de libertad, o sea, del Gobierno totalitario
de Trujillo y la dictadura ilustrada de Balaguer, al
presente, en vez de dar paso a la libertad, o sea, a
la verdadera democracia, desembocó en el libertinaje,
esto es, en una falsa democracia. En esta clase de sociedad,
el pasado y el presente ya no se comunican.
De ahí que falte cualquier comunicación
entre Cardona (= el presente) y su padre (= el pasado).
Lo que fue un país con cierta tranquilidad y
cierto sosiego, con cierto decoro y ciertos valores
incuestionables, se tornó en un país caótico
y corrupto. Lo que queda de ese país de antes,
es un recuerdo borroso que se resume en los recuerdos
de la infancia y la adolescencia de Cardona por parte
de su madre entrada ya en la idiotez senil. Las cosas
que en ella tenían sentido, no sólo se
redujeron a la interminable cháchara de tía
Florinda, sino que, como le ocurrirá a esa tía,
simplemente morirán envenenadas.
Nunca se averiguarán los responsables de ese
crimen; sólo se sabe que fue por represalia y
venganza contra Cardona, o sea, contra lo que es la
parte sana del presente.
Ahora bien, ya que Cardona representa esa parte sana,
es obvio que se esperaría que ese presente pueda
prolongarse y crear un futuro. Pero he ahí que,
como ya lo indicamos, el capitán no tiene relaciones
estables. No está casado, ni piensa casarse.
Nunca tendrá hijos, por lo menos legítimos,
pues. Al no tenerlos, no habrá posibilidad de
un futuro racional, y el caos y la corrupción
lo arroparán.
Esto explica tanto lo que ocurre con su secretaria
Odette, como con su asistente Elías. A pesar
de que forme parte de la policía, en secreto
Odette lleva toda una existencia corrupta. El penúltimo
cuento, “La señorita Odette”, nos
brinda todos los pormenores de su vida. O sea, que la
parte aparentemente buena de la sociedad dominicana
es así sólo en apariencias, pues también
se encuentra afectada por el mal de la corrupción.
Más que la secretaria gorda y desagradable de
Cardona, Odette se revela como una degenerada de la
peor catadura. Además, lleva un récord
escrito y grabado de sus orgías. En su lista
y en sus cintas aparece de todo- - gente de la alta
sociedad, prominentes ministros y hasta miembros de
la Iglesia. Por eso, para que algo bueno, alguna esperanza,
quede en pie en la sociedad, aconsejado por el Dr. Logroño,
Cardona decide destruir toda la evidencia.
Pese a ser una promesa para el futuro, ya que, como
asistente de Cardona, a lo mejor terminaría reemplazándole
en el cargo, Elías se revela un oficial corrupto
involucrado en el tráfico de drogas. O sea, de
nuevo, lo que es aparentemente bueno de la sociedad
dominicana, también está afectada por
la corrupción.
El mismo Cardona se encuentra insatisfecho con su
suerte. Podría lograr una vida más cómoda
y remunerativa con tan sólo cerrar un ojo a la
corrupción. Por eso, cuando sus pesquisas llegan
a tocar ciertas personas adineradas y de alcurnia, ahí
están sus superiores, para ordenarle que se olvide
del asunto.
Tiene que hacerlo para no perder su trabajo. Para que
no lo rebajen de rango. Entonces, ¿por qué
sigue en su puesto? Porque, sin su esfuerzo, todo se
vendría abajo. El caos acabaría con el
poco orden que existe. Lo irracional acabaría
con la racionalidad que la sociedad se merece.
O sea, porque a Cardona, esto es, a cierta parte irreducible
de la sociedad actual, todavía le queda conciencia.
Al final, después del asunto de Odette y de Elías,
ya sólo, Cardona se siente aislado más
que nunca. Redobla sus martinis donde René, pues
es lo único que le permite seguir adelante. Piensa
hasta retirarse, pero no quiere. Hasta que el caos y
la corrupción penetran en el mismo último
reducto del país de antes, la casa de sus padres.
El ladrón que causa la muerte de su madre, le
embiste con el bate de pelota de su padre. Es una situación
para llorar. O para reírse de impotencia. De
ahí, pues, la última escena del último
cuento, “Colofón”, cuando, al caer
al suelo tras el golpe del ladrón, Cardona recibe
una visión de Elías que cabalga al cuerpo
desnudo de Odette. Ambos se ríen “a carcajadas”.
“Es probable que yo, de haber podido, también
me hubiera reído,” concluye el capitán.
Algo le ocurrió a Odette en su pasado para que
terminara en esa degenerada que fue. Y algo le ocurrió
a Elías para que terminara como termina.
De no resolverse el asunto del libertinaje en la sociedad,
la corrupción será total, pues terminará
afectando la parte buena que queda. Odette y Elías
sucumbieron a la corrupción. Pero el desdichado
Cardona sólo puede reírse de impotencia.
Es como decir: ¡Aprés moi, le deluge!
|