Santo Domingo

Lunes 15 de enero del 2007

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VENTANA
Armando Almánzar y su ciudad en sombras
GIOVANNI DI PIETRO

II DE II

SANTO DOMINGO.- Además de los personajes femeninos, aparecen el padre de Cardona y su mismo asistente, el teniente Elías. También el Dr. Logroño, el patólogo forense. El padre representa la vieja generación. Elías, parte de la nueva, de la de Cardona, pues éste es todavía joven. Logroño, con sus acertadas autopsias, es parte del mismo Cardona, o sea, un ente racional, pues también lleva “luz” a las “sombras”. La generación futura la representa Miguelón, el sobrino del capitán, un joven aburrido y sin perspectiva, el cual se la pasa comiendo y persiguiendo a las muchachas del barrio.

Esa sociedad “en sombras” en que viven los dominicanos no surgió de la nada. Algo ocurrió para que las cosas degeneraran hasta ese extremo.

No en balde Cardona no está casado, ni se le reconocen relaciones estables. Es que el presente que él representa está condicionado por lo que ocurrió, y un futuro (el suyo, representado a través de un posible matrimonio y la procreación, y el de las futuras generaciones, representado por la niña violada y muerta) simplemente no es posible. El único futuro que es posible entrever es tanto la continuación del caos actual (lo que ocurre con Odette y Elías), como el que está representado por su indolente sobrino.

Algo ocurrió en la sociedad que la llevó a ese presente que se vive y que la llevará a un futuro similar. Es que el tránsito que se dio, de la falta de libertad, o sea, del Gobierno totalitario de Trujillo y la dictadura ilustrada de Balaguer, al presente, en vez de dar paso a la libertad, o sea, a la verdadera democracia, desembocó en el libertinaje, esto es, en una falsa democracia. En esta clase de sociedad, el pasado y el presente ya no se comunican.

De ahí que falte cualquier comunicación entre Cardona (= el presente) y su padre (= el pasado). Lo que fue un país con cierta tranquilidad y cierto sosiego, con cierto decoro y ciertos valores incuestionables, se tornó en un país caótico y corrupto. Lo que queda de ese país de antes, es un recuerdo borroso que se resume en los recuerdos de la infancia y la adolescencia de Cardona por parte de su madre entrada ya en la idiotez senil. Las cosas que en ella tenían sentido, no sólo se redujeron a la interminable cháchara de tía Florinda, sino que, como le ocurrirá a esa tía, simplemente morirán envenenadas.

Nunca se averiguarán los responsables de ese crimen; sólo se sabe que fue por represalia y venganza contra Cardona, o sea, contra lo que es la parte sana del presente.

Ahora bien, ya que Cardona representa esa parte sana, es obvio que se esperaría que ese presente pueda prolongarse y crear un futuro. Pero he ahí que, como ya lo indicamos, el capitán no tiene relaciones estables. No está casado, ni piensa casarse. Nunca tendrá hijos, por lo menos legítimos, pues. Al no tenerlos, no habrá posibilidad de un futuro racional, y el caos y la corrupción lo arroparán.

Esto explica tanto lo que ocurre con su secretaria Odette, como con su asistente Elías. A pesar de que forme parte de la policía, en secreto Odette lleva toda una existencia corrupta. El penúltimo cuento, “La señorita Odette”, nos brinda todos los pormenores de su vida. O sea, que la parte aparentemente buena de la sociedad dominicana es así sólo en apariencias, pues también se encuentra afectada por el mal de la corrupción.

Más que la secretaria gorda y desagradable de Cardona, Odette se revela como una degenerada de la peor catadura. Además, lleva un récord escrito y grabado de sus orgías. En su lista y en sus cintas aparece de todo- - gente de la alta sociedad, prominentes ministros y hasta miembros de la Iglesia. Por eso, para que algo bueno, alguna esperanza, quede en pie en la sociedad, aconsejado por el Dr. Logroño, Cardona decide destruir toda la evidencia.

Pese a ser una promesa para el futuro, ya que, como asistente de Cardona, a lo mejor terminaría reemplazándole en el cargo, Elías se revela un oficial corrupto involucrado en el tráfico de drogas. O sea, de nuevo, lo que es aparentemente bueno de la sociedad dominicana, también está afectada por la corrupción.

El mismo Cardona se encuentra insatisfecho con su suerte. Podría lograr una vida más cómoda y remunerativa con tan sólo cerrar un ojo a la corrupción. Por eso, cuando sus pesquisas llegan a tocar ciertas personas adineradas y de alcurnia, ahí están sus superiores, para ordenarle que se olvide del asunto.

Tiene que hacerlo para no perder su trabajo. Para que no lo rebajen de rango. Entonces, ¿por qué sigue en su puesto? Porque, sin su esfuerzo, todo se vendría abajo. El caos acabaría con el poco orden que existe. Lo irracional acabaría con la racionalidad que la sociedad se merece.

O sea, porque a Cardona, esto es, a cierta parte irreducible de la sociedad actual, todavía le queda conciencia. Al final, después del asunto de Odette y de Elías, ya sólo, Cardona se siente aislado más que nunca. Redobla sus martinis donde René, pues es lo único que le permite seguir adelante. Piensa hasta retirarse, pero no quiere. Hasta que el caos y la corrupción penetran en el mismo último reducto del país de antes, la casa de sus padres.

El ladrón que causa la muerte de su madre, le embiste con el bate de pelota de su padre. Es una situación para llorar. O para reírse de impotencia. De ahí, pues, la última escena del último cuento, “Colofón”, cuando, al caer al suelo tras el golpe del ladrón, Cardona recibe una visión de Elías que cabalga al cuerpo desnudo de Odette. Ambos se ríen “a carcajadas”.

“Es probable que yo, de haber podido, también me hubiera reído,” concluye el capitán. Algo le ocurrió a Odette en su pasado para que terminara en esa degenerada que fue. Y algo le ocurrió a Elías para que terminara como termina.

De no resolverse el asunto del libertinaje en la sociedad, la corrupción será total, pues terminará afectando la parte buena que queda. Odette y Elías sucumbieron a la corrupción. Pero el desdichado Cardona sólo puede reírse de impotencia. Es como decir: ¡Aprés moi, le deluge!

 

 

 
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