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| Rafael Correa
habla luego de juramentarse como
el nuevo mandatario ecuatoriano,
en el Congreso en Quito.
Le acompañan, al fondo,
desde la izquierda, los presidentes
Michelle Bachellet, de Chile;
Luiz Inácio
Lula da Silva, de Brasil, y Hugo
Chávez, de Venezuela. |
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QUITO.- Una fuerte efervescencia
nacionalista y la presencia de connotados enemigos del
presidente George Bush caracterizaron ayer los actos
de asunción al poder del presidente de Ecuador,
Rafael Correa, quien tan pronto tomó juramento
anunció un rompimiento con el modelo económico
neoliberal, el que consideró desastroso para
todos los pueblos de América Latina.
Los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y
de Bolivia, Evo Morales, así como el desafiante
presidente de la república islámica de
Irán, Mahmud Ahmadinejad, estuvieron en primera
fila en la ceremonia de traspaso de mando celebrada
en el Palacio del Congreso Nacional.
De inmediato el mandatario iraní, tras concluir
la ceremonia, dijo a la televisión ecuatoriana
que su gobierno apoyará en todo lo que esté
a su alcance el proceso iniciado ayer en Ecuador.
Otros presidentes, como el caso de Daniel Ortega,
de Nicaragua; Alán García, de Perú,
y el venezolano Hugo Chávez, calificaron de positiva
la propuesta de Correa ante el Congreso.
Correa, de 43 años, graduado de doctor en Economía
en la Universidad de Illinois y con varios post grados
en universidades de Bélgica y Ecuador, sentenció
que “el nefasto ciclo neoliberal ha sido definitivamente
superado por los pueblos de nuestra América.”
Citó que a partir de su juramentación
el Ecuador se suma a los procesos que están en
marcha en Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela, Bolivia
y Chile.
Transformaciones
El economista Correa asumió ayer la presidencia
de Ecuador planteando profundas transformaciones en
los aspectos constitucional, económico y social,
los que definió como ejes fundamentales de lo
que ha llamado su “revolución ciudadana”.
El nuevo gobierno nace postulando rescatar la soberanía
de Ecuador, un predominio de lo social sobre lo particular,
así como rechazando la “voracidad del capitalismo
supranacional amparado en contratos leoninos suscritos
por el Estado ecuatoriano”.
Planteó la
Asamblea Nacional Constituyente como fundamento del
cambio que se deben dar los ecuatorianos y advirtió
que no negociará la Patria con nadie, “porque
la Patria ya no está en venta”, en franca
alusión a una clase dirigente que, en su opinión,
ha fracasado.
Dijo que convocó a la consulta popular para
que “el pueblo soberano ordene o niegue esa asamblea
que buscará superar el bloqueo político,
económico y social que sufre el país”.
Para ese propósito el recién instalado
gobierno ya consiguió el apoyo de “fuerzas
tradicionales”, aunque advirtió que esa
alianza nunca estará condicionada a intereses
espurios.
Entre tanto, el diputado Jorge Ceballos Macías,
presidente del Congreso, dijo que “el mantenimiento
del orden social sólo puede darse con el respeto
entre los poderes del Estado”, al tiempo que pidió
“desterrar cualquier aventura, que mucho daño
haría a la república”. Mientras
una gran muchedumbre permaneció frente al Palacio
del Congreso lanzando consignas a favor de la unidad
e integración latinoamericana. |