Lo
he dicho muchas veces. La única posibilidad que
tiene el PRD de salvar su honra electoral es con la
candidatura de Miguel Vargas. También he dicho
muchas otras veces que ese partido debería estar
dando gracias a Dios por haber encontrado a una figura
como Miguelito dispuesta a tirarse esa canana encima.
Pero ni los propios perredeístas lo entienden.
Y es que sólo una persona con la capacidad de
desprendimiento y con el carisma personal que tiene
Miguel puede recuperar simpatías perdidas hace
tiempo por las frustraciones provocadas en los últimos
años. Hasta hace apenas unos meses nadie en sano
juicio podía imaginarse siquiera que el PRD era
capaz de presentar una candidatura con la mínima
posibilidad de llegar al poder. Y aunque hasta ahora
nadie puede garantizar eso, la candidatura de Miguel
es auspiciosa y mucho más después de que
en el Partido de la Liberación se presentara
la grieta entre Danilo y Leonel. Por supuesto, esa potencialidad
se desvanece en la misma medida en que sus propios compañeros
de partido lo descalifican y lanzan en su contra toda
suerte de falacia tratando de evitar que gane la convención
que habrá de celebrarse en l2 días.
Es sintomático que algunos de los principales
dirigentes perredeístas se hayan agrupado en
la llamada “corriente unitaria” para oponerse
a la candidatura de Miguel. La competencia en el PRD,
sin dejar de ser legítima, ha degradado el debate
a niveles muy bajos. Es evidente que parte de la dirigencia
tradicional perredeísta, que se ha enquistado
como tumor maligno en el cuerpo de esa organización,
lucha sin cesar para evitar ser relevada por una nueva
generación de dirigentes que en este caso encabeza
Miguel Vargas.
La gente de la periferia, sin embargo, sigue observando
con preocupación la gran capacidad autodestructiva
de ese partido, y con razón la mayoría
aguarda el desenlace de esa lucha interna para saber
a qué atenerse.
orque si en algo ha sido pródigo el PRD, es
precisamente en su capacidad para devorar figuras con
capacidad para catapultarle al poder, como lo fuera
en su tiempo Jacobo Majluta y el propio Peña
Gómez, y como lo es en este momento Miguel Vargas.
Desde hace días viene observándose la
forma en que los más conspicuos miembros de la
“corriente unitaria” vienen condicionando
a la opinión pública para tratar de justificar
otra prórroga a la fecha de la convención.
Y arguyen simples tonterías en su afán
por escapar nuevamente de la realidad que implica el
que les cuenten los votos. Al final, la gente llega
a la conclusión de que estamos ante el mismísimo
PRD de siempre.
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