No
hay dudas de que en el año que se fue Leonel
fue vencedor. En el plano económico el país
se situó con un crecimiento ligeramente superior
al 10%, uno de los más altos del Caribe, ligeramente
por debajo de Cuba y el segundo más alto de Suramérica,
por debajo de Venezuela; la tasa de inflación
fue muy baja y logró la menor tasa de interés
en 25 años; hasta el desempleo decreció
un poco y el país no sufrió paros, huelgas,
catástrofes naturales, ni inestabilidad cambiaria.
En el ámbito político, su coalición,
el Bloque Progresista, a la cual en enero las encuestas
apenas le asignaban cinco senadores, barrió con
22 senadores, mayoría en la Cámara de
Diputados y un crecido número de síndicos
en plazas en las cuales nunca había ganado un
torneo. En Agosto, Leonel era el dominicano más
estimado y el Presidente más popular de toda
la historia nacional con un partido y bloque políticos
monolíticamente unidos y por eso, desde mayo,
inició el proceso de reforma constitucional;
más tarde, en agosto, se vio obligado a iniciar
una nueva reforma fiscal y fue sorprendido por la renuncia
y el desafío de su colaborador más eficaz.
El costo, anímico y político, es evidente.
¿Pero está el León enjaulado para
el 2007?
Este año el PIB seguirá creciendo, pero
no tanto como en el 2006, las tasas de interés
no subirán, lo que incentivará la demanda
de crédito, bienes y servicios, sobre todo en
el mercado automotriz y de viviendas, los precios del
petróleo serán más bajos ñ
menos de USD$60 el barril -, si no hay nuevas crisis
en las regiones y países que suplen el mercado,
el desempleo seguirá alto, pero menos que en
el 2005 y no hay perspectivas de deterioro cambiario.
Pero, aunque las variables macroeconómicas estén
equilibradas, Leonel y sus ministros deben dejar de
hablar de eso; la gente quiere otra cosa.
Al Presidente la economía le dará excedentes
y si se maneja mejor el Acuerdo de Caracas y aumenta
el porcentaje de importación a través
de él, que actualmente es bajo, dispondrá
de fondos suficientes para políticas sociales
y para modificar su política de inversión
pública sin afectar las obras en ejecución
ni la estabilidad. Estoy de acuerdo con el Metro, creo
que el país lo agradecerá, pero no debe
hablar de ese tema, ni de las reformas, eso pasó
y en esos temas, ante la opinión pública,
por los yerros de sus funcionarios, ya perdió.
En el ruedo político, ahora tiene dos frentes
abiertos que, poco o mucho, le están drenando
y le hacen parecer acorralado. Por un lado el desafío
interno a su condición de Presidente y líder
el PLD, a su calidad de Presidente de la República
en busca legítima de un segundo mandato, como
hicieron: Bush, Lula, Chávez, Uribe y Kirchner,
la mayoría con alta popularidad y buen manejo
económico, pero todos con menos popularidad y
aciertos económicos que Leonel. Pero en esos
casos, a ninguno, nadie les retó en sus partidos.
Él tiene, a lo interno, que vencer por mucho,
causando el menor daño, pero haciendo un espacio
amplio, firme y claro, con el artículo 55.
En el plano externo, con una maquinaria de comunicación
diezmada por la lucha interna, que no responde a sus
intereses, tendrá que acostumbrarse a lidiar
con un PRD unido al que es un error continuar menospreciando
y peor aún, teniendo a menos a su virtual candidato.
En los tiempos que vivimos, nadie lucha en el ring que
no le conviene, los candidatos blancos, ninguno tiene
el aura, la experiencia y la gracia de Leonel, en consecuencia,
no habrá debates de programas ni de ideas, sólo
publicidad.
El León rugirá o se lamentará,
exclusivamente en función de cómo maneje
dos espacios que hasta ahora administró bien,
pero que requieren de mayor expresión ejecutiva:
Los aliados y el público, si los primeros se
dispersan y el público aumenta el hastío
o el desencanto por el carácter altanero y excluyente
de muchos funcionarios, rugirá de dolor. Ganarle
a Leonel, que no genera enemigos, no será fácil
para nadie, pero el Presidente puede perder si no cambia
y hace cambios.
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