Hoy
comienza un nuevo Año Litúrgico, y para
nosotros nuevos propósitos, intención
de cambiar de vida, de retomar lo bueno, desechar lo
malo. Hemos de tratar de hacer el bien siempre, de ser
solidarios con los demás, aunque nos cueste;
de aceptar lo que el Señor nos tiene preparado.
Debemos tratar de vivir la fe con coherencia, misión
difícil considerando el mundo que nos ha tocado
vivir. Es un mundo deshumanizado, un mundo donde el
bien común brilla por su ausencia, un mundo de
nuevo pagano, en el que a los cristianos nos toca nadar
continuamente en contra de la corriente y retomar la
actitud de los primeros discípulos de Jesucristo.
Pero no debemos desanimarnos, pues contamos con la
ayuda del que nos ha prometido estar siempre a nuestro
lado, hasta el fin de los tiempos.
Las lecturas de hoy nos animan a contar las maravillas
que realiza el Señor. A pesar de todo, “los
pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria…
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará tu Dios contigo”. Y es que
“el Señor es Rey, él gobierna a
los pueblos rectamente” (salmo 95)
El Evangelio de hoy nos presenta las Bodas de Caná,
donde Jesús realiza el primer milagro e inicia
su vida pública. Es un evangelio muy conocido.
Muchas parejas escogen este pasaje para la celebración
eucarística de sus bodas.
San Juan nos narra una situación en la que
María intercede por una pareja de esposos en
apuros. Ella siempre pendiente de nuestros problemas,
pide a su hijo que los ayude. Ella sabe que para Él
no hay nada imposible. Él le dice: “Todavía
no ha llegado mi hora”, pero aún así
complace a su madre, y realiza el milagro. Le concede
lo que ella le pide. Y es que Jesús es condescendiente
a los deseos de su Madre. Y es que María es un
ser solidario, siempre dispuesta a las necesidades de
los demás.
Lo que nos cuesta hoy en día a nosotros sobremanera,
si tenemos en cuenta este contexto sociopolítico-económico
que nos rodea por todas partes. Y somos ilusos si creemos
que nos podemos mantener al margen. Pues, queramos o
no, estamos siendo arrastrados por las corrientes del
postmodernismo globalizante y deshumanizante.
Solamente con mucha oración, la participación
asidua a los sacramentos, y una vida evangelizadora
hacía los demás, pudiera ayudar algo en
suavizar nuestros espíritus cargados de tantas
frustraciones, innecesarias. “En el umbral de
su vida pública, Jesús realiza su primer
signoa petición de su Madre-con ocasión
de un banquete de boda.
La Iglesia concede una gran importancia a la presencia
de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella
la confirmación de la bondad del matrimonio y
el anuncio de que en adelante el matrimonio será
un signo eficaz de la presencia de Cristo.” (Catecismo
de la Iglesia Católica No. 1613)
“En su predicación, Jesús enseñó
sin ambigüedad el sentido original de la unión
del hombre y la mujer, tal como el Creador la quiso
al comienzo: la autorización, dada por Moisés,
de repudiar a su mujer era una concesión a la
dureza del corazón (Mt 19,8); la unión
matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble: Dios
mismo la estableció: “Lo que Dios unió,
que no lo separe el hombre” (Mt 19, 6). Cristo
vino “para restablecer el orden inicial de la
creación perturbado por el pecado, de la fuerza
y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión
nueva del Reino de Dios.
Siguiendo a Cristo, renunciando a sí mismos,
tomando sobre sí sus cruces (Mt 8,34), los esposos
podrán “comprender” (Mt 19, 11) el
sentido original del matrimonio y vivirlo con la ayuda
de Cristo. Esta gracia del Matrimonio cristiano es un
fruto de la Cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana.”
(Idem No. 1615)
Y un matrimonio así es la mejor manera de formar
una familia. Una familia fundada sobre roca donde nada
ni nadie podrá hacerle daño, podrá
romper. Cuando uno ve una familia cimentada en el amor
y en la solidaridad, la justicia, la alegría
y la paz ve la acción del Señor como en
un espejo.
Vamos pedirle hoy también nosotros a María
que nos ayude a defender nuestras familias de los enemigos
del Reino. Y que nos permita fortalecernos con Su Palabra
y su Gracia. Vamos a pedirle también por las
familias que están pasando por unos momentos
sumamente difíciles de comprender los caminos
del Señor, por la magnitud del suceso.
Nuestros amigos y compadres que tienen su hija en
coma después de un desastroso accidente en playas
extranjeras, pero que han sido acogidos con mucho sentido
de responsabilidad y profesionalismo, en los centros
de salud. Pedimos a María la Milagrosa, de la
que ella es devota, que le devuelva el sentido. Que
no los desampare nunca. Que interceda por ellos como
lo hizo en las Bodas de Caná, para que el Señor
realice este milagro para gloria y edificación
de Su Reino, y que en los que en Ti creemos, continuemos
dando frutos y frutos en abundancia.
¡Señor Jesús que bendijiste con
tu presencia las Bodas de Caná, bendice a nuestros
amigos con la confianza de quienes se sienten favorecidos
con Tu amor! Amén
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