Santo Domingo

Martes 16 de enero del 2007

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VENTANA / CRÓNICAS
Pelota y mercadeo
Pedro Antonio Valdez

Una buena tajada de la cultura dominicana está constituida por nuestro torneo de béisbol invernal.

Entre octubre y enero le damos un descanso al gentilicio nacional para pasar a ser aguiluchos, gigantes, liceístas, etcétera.

Hablar del béisbol como parte de la vida nacional es una mera abstracción; pero hablar de la Liga de Invierno es situar esa pasión del alma colectiva en tiempo y espacio concretos, convertirla en evidencia, dotarla de inmediatez y cercanía.

En los últimos años esa expresión, en su forma y proyección, ha sido entregada al mercadeo.

Esta transferencia ha provocado que el reflejo que nos llega de nuestro deporte nacional a menudo cause molestia.

Muchas veces más que ante un partido de béisbol, parece que estamos viendo pasar una guagua anunciadora.

Hablemos claro: el mercado es parte de la cultura; por eso es difícil encontrar un acto humano que no lo implique.

Pero este acto se vuelve una vulgar y deslucida pieza de compraventa cuando el evento es sobrevendido.

Tomaré de ejemplo un partido en que las Águilas Cibaeñas son equipo local. Si vas al estadio, en la puerta te entregan toda clase de publicidad.

No satisfechos con vender las paredes, meten letreros entre el público.

Hacen pasar por el terreno un inodoro, una botella de ron, cualquier objeto que pague algo, sin importar cuán saturador y vulgar pueda parecer. Si sigues el juego por radio, a veces debes ser mago para recibir la información.

El narrador y el comentarista tienen que callarse largo rato hasta que “la voz comercial” termine su retahíla de anuncios que se repiten sin fin.

A menudo oyes estallar la gritería del público, que indica que en el terreno ha sucedido una jugada importante; pero tienes que comerte las uñas sin saber qué pasa, porque la voz comercial está en su larga letanía. En televisión el espectáculo es más deprimente.

Te saturan con los letreros del outfield, así como con los del palco. Lo más difícil de tragar son esos que tapan casi perpetuamente un tercio y hasta la mitad de la pantalla, con lo que impiden ver con claridad el partido.

Súmesele a eso el logo de la comercializadora, siempre fijo en el monitor. Por si fuera poco, la transmisión también cuenta con una voz comercial.

Los anuncios entre las entradas son tantos, que a menudo empiezan a transmitir el inning cuando ya hay un out, lo cual muestra una falta de profesionalidad y respeto.

La Liga, los equipos, deberían revisar sus acuerdos comerciales y replantear una relación que determine que la publicidad ocupe una cuota prudente dentro del evento.

Sobre todo, que el espectáculo pertenece al equipo y no al comercializador.

Que vendan menos y mejor, no mucho y barato. Dejan mucho que desear esas empresas de mercadeo con marrullas de la ruralidad, tan primitivas, que parecen desconocer absolutamente el tipo de eventos que tienen a cargo.

Me niego a creer que los mercadólogos criollos sean incapaces de vender con profesionalidad un evento deportivo como hacen sus homólogos del extranjero.

 

 

 
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