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| Sergio
Ramos, del Real Madrid, muestra
su desconsuelo al acostarse en
la grama luego de empatar con
el Betis y quedar eliminado de
la Copa del Rey. |
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Madrid/dpa.- El Real Madrid
sumó ayer su primer fracaso de la temporada al
quedar eliminado en los octavos de final de la Copa
del Rey, tras ceder un empate a un tanto en su estadio
ante un orgulloso Betis, que jugó con sus suplentes
y logró la proeza.
El Betis, que está luchando por no descender
en la Liga, llegó a la capital de España
en silencio y con cara de tener guardado un secreto
después del empate sin goles de la ida. Y gracias
a su gol de visitante logró una clasificación
que pocos imaginaban ante un Real Madrid que sólo
puso corazón, al que le faltó mucho fútbol
y que acusó los problemas de una plantilla que
se le ha quedado muy corta.
El Real Madrid empleó a los jugadores esperados
y una alineación equilibrada. Robinho y José
Antonio Reyes ocuparon las bandas y Gago dirigió
al equipo, que tuvo en la punta a Gonzalo Higuaín
y a Ruud van Nistelrooy. Enfrente estuvo un Betis repleto
de suplentes, incluidos los jóvenes Juande e
Isidoro, lo que no le impidió defender la camiseta
con orgullo.
Cualquier debate sobre la crisis madridista quédó
pospuesto porque el equipo blanco se adelantó
muy pronto. A los cinco minutos, el Betis cometió
una gran desatención en un saque de esquina,
Robinho disparó dentro del área, Toni
Doblas erró bajo los palos y el Real Madrid se
adelantó.
El conjunto local jugó razonablemente bien durante
20 minutos, dirigido por un Gago que ya se ganó
el aprecio del Bernabéu. Además, le ayudó
mucho la movilidad de su compatriota Higuaín,
muy aplaudido también. El madridismo está
ávido de caras nuevas y le gustan los dos argentinos.
Robinho, Higuaín y Van Nistelrooy tuvieron buenas
oportunidades de ampliar la cuenta, pero les faltó
instinto asesino en el área. Además, Mejuto
González, el árbitro, no señaló
un claro penal sobre Robinho. Fue el comienzo del “recital”
del colegiado, que dio motivos para la queja a los dos
equipos.
Pero el Real Madrid cayó en un viejo vicio y
se relajó. El Betis, muy bien dirigido por Rivera
y con Maldonado entrando como un puñal por la
banda derecha, se adueñó del partido.
Obtuvo un justo premio a los 37 minutos, cuando Isidoro
centró desde la derecha, Maldonado prolongó
desde el segundo palo y Dani empujó a un metro
de la portería.
La afición local prefirió abuchear al
árbitro al llegar la pausa, aplazando el veredicto
sobre su equipo. El Betis se replegó mucho en
la segunda mitad y el Real Madrid retomó el mando
del partido, aunque le costó generar ocasiones.
El paso de los minutos acrecentó la emoción,
como corresponde a un partido de Copa. El estadio madridista
se convirtió en “teatro ruidoso”
y se palpó la tensión en cada lance.
Luis Fernández, el entrenador verdiblanco, dio
entrada a los brasileños Wager, Robert y Edu,
que aliviaron algo la situación de un Betis que
niveló el partido de nuevo. El Real Madrid pagó
su cansancio y la falta de banquillo, circunstancia
propiciada por las lesiones y por la decisión
de Capello de apartar a jugadores como Ronaldo o David
Beckham.
A falta de físico y fútbol, el Real Madrid
puso corazón hasta el final, pero no le alcanzó,
y la hinchada blanca prefirió culpar al árbitro
y al portero Doblas, el héroe final del encuentro,
llenando de objetos el área bética. El
final del partido fue feísimo, con una pelea
entre jugadores de los dos equipos.
Nadie podrá reprochar al equipo blanco su tremendo
esfuerzo, pero la lectura que queda al final es que
los suplentes del Betis eliminaron al Real Madrid de
la Copa. Capello sumó su primer resultado negativo.
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