| Miriam,
el país no estuvo en ti hasta el 2003. Tuvo que
morir el hombre que te mataba a retazos para que te
miraran toditicas las pupilas de la nación. De
nada sirvieron las 70 querellas contra el arenero José
Castro, tu esposo de 18 años, verdugo de tu cuerpo,
tu vida y la piel de tus dos muchachas y los tres varones
paridos.
Hasta el noviembre en que murió, nadie tomó
en serio la dentadura rota de tu hija; tu miedo, tu
cara hinchada por los golpes y el dolor de Ariel cuando
su padre lo metió en una zanja y lo enterró
a fuerza de pala y tierra.
Fíjate, Castro (apodado El Soviético)
sigue siendo tan poderoso como cuando te persiguió
a Santiago, a La Romana y se vanagloriaba porque, a
pesar de la prohibición, sus enllaves del poder
permitían que sus camiones transitaran por la
carretera 6 de Noviembre y cargaran el tesoro de ríos
que el pueblo conoce.
Han pasado 3 años y aún la justicia
que tildó tu queja como “pleito de marido
y mujer”, te multa (después de descargarte
en Primera Instancia) con 30 años de prisión
y la Cámara Penal de la Suprema Corte de Justicia
declara inadmisible el recurso de apelación a
la solicitud de casación.
Sé que estas en Najayo, donde tú y las
demás reclusas sufren, entre otras cosas, limitaciones
de agua. Martilla saber que todavía el dedillo
selectivo del sistema proteja al hombre que obligaba
a tus hijos a dormir con perros, en la perrera, para
luego despacharlos temprano y sin inmutarse a la escuela.
No pierdas la fe. Confío en que el máximo
tribunal acojerá el recurso de revisión.
Quién sabe si la Suprema, con las luces de Subero,
dispone la celebración de un nuevo juicio donde,
como siempre has querido, se presenten libremente las
pruebas de tu inocencia.
Sí, lo sé. El fantasma del hombre que
le rompió los 2 brazos a José Manuel,
tu hijo mayor, y no le pagó las prestaciones
laborales a decenas de obreros, inspira a quienes furtiva
e ilegalmente cambiaron el caso de San Cristóbal
al Distrito Nacional. Recuerda que, como era de esperarse,
salió negativa la prueba de absorción
atómica que delata la pólvora en quien
dispara un arma.
Confiemos en que la musa de la justicia esté
vendada y la jefatura judicial de la patria se eduque
en torno al Síndrome de la Mujer Maltratada y
aprecie a las mujeres sobrevivientes de violencia.
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