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| Art Buchwald,
nació en Mount Vernon,
Nueva York el 25 de octubre de
1925, a la hora de su muerte tenía
81 años de edad. |
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NUEVA YORK.- Art Buchwald,
una de las firmas más reconocidas en el mundo
del periodismo estadounidense, ganador del Premio Pulitzer,
murió ayer a los 81 años. La crítica
política y la sátira social de sus columnas
le merecieron el reconocimiento de toda la profesión.
Y su voluntad le permitió sobrevivir a una larga
enfermedad durante más tiempo del que esperaban
los médicos y que nunca pareció preocuparle.
El humor, dijo, fue su salvación.
Buchwald nació en Mount Vernon (Nueva York)
el 25 de octubre de 1925. Su infancia no fue fácil:
su madre fue ingresada en un centro psiquiátrico,
mientras que su padre sufría problemas de depresión
y financieros. A los 17 años se alistó
en el cuerpo de marines y durante tres años estuvo
desplazado al Pacífico en la II Guerra Mundial.
Allí tuvo su primer contacto con el mundo del
periodismo, donde editó el diario del cuerpo.
Tras la guerra se inscribió en la Universidad
de California, donde se hizo con el cargo de editor
de la revista satírica del campus y escribió
sus primeras columnas.
Pilar del periodismo
Art Buchwald fue durante cuatro décadas uno de
los pilares del mundo del periodismo estadounidense
y en la escena política en Washington. El columnista
tenía cáncer y dejó de recibir
tratamiento médico hace un año, porque
pensaba que moriría pronto. No fue así,
y durante el último año tuvo incluso la
fuerza para escribir en su casa un libro dedicado a
su propia experiencia. Como decía ayer su hijo,
Joel, “fue su última vuelta triunfal”.
“Se fue como siempre quiso, fijando sus condiciones”.
El periodista no temía a la muerte, según
dijo en su propia biografía en 1995, y como su
padre también fue víctima de la depresión
en dos ocasiones. Buchwald espetó en una entrevista
durante la pasada primavera que estaba aprovechando
la enfermedad para despedirse de la vida de una manera
“que muy pocas personas lograron conseguir”.
“Soy conocido en este hospital como El Hombre
que No Morirá”, rezaba una columna que
publicó en marzo de 2006, una de las últimas,
cuando estaba a punto de mudarse a su casa.
Buchwald decía, de hecho, que lo fácil
en esta vida era morir. Su principal preocupación
tras dejar el hospital era saber si la gente le seguiría
visitando, porque, como decía, estaba pasando
la “mejor época de mi vida”. No le
faltó durante este tiempo la compañía
de familiares, amigos y compañeros de profesión
en lo que fue una larga y cálida despedida. El
humor, dijo en sus memorias, tituladas Leaving Home,
fue su salvación.
Ya en 2000 sufrió un infarto y los doctores
tuvieron que amputarle hace un año una pierna
debido a problemas circulatorios, algo que fue muy traumático
para él y que según los doctores podría
estar detrás de su rechazo a la diálisis.
Su cuerpo descansa en paz, pero lo que la profesión
no olvidará es la sátira que utilizó
para, sin tapujos, arremeter contra la clase política
estadounidense. Eso sí, intentó salvar
siempre las distancias porque pensaba que atacar al
establishment con saña y durante mucho tiempo
tenía el riesgo de “terminar formando parte
de él”.
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