SIN
RESPUESTA.- El problema no es que los choferes
son excesivos en sus demandas o que se comportan como
los dueños del país, sino que el gobierno
no tiene respuesta en lo que tiene que ver con un servicio
tan esencial como el transporte. En su administración
anterior creó la Omsa y la presentó como
su solución, y fue aceptada porque funcionó,
pero en esta no ha sabido levantarla, o por falta de
recursos o de gerencia. Sin embargo, con el Metro actúa
como si fuera la única obra posible, y se sabe
que sólo va a resolver un tramo, de Villa Mella
a la Feria, y que las demás zonas de la Capital
quedarán libradas a la suerte de las federaciones
y confederaciones que hoy se satanizan. Estas tienen
sus guaguas, conocen su importancia, y saben que hacen
mejor negocio juntas que separadas, por lo que olvidan
los viejos resabios y unifican sus posiciones. Juan
Hubieres y Antonio Marte rezaban juntos en el templo
de Hatuey Decamps, pero laboralmente no se podían
ver. Ahora tienen una fraternidad que apunta más
allá del treinta de ese mes, cuando realizarán
una huelga nacional de transporte. Lo primero que debió
preguntarse el gobierno fue porqué andan de la
mano como dos hermanos gemelos si antes eran como el
aceite y el vinagre, antes que los funcionarios del
sector se pusieran de bravucones a amenazar con carabinas
vacías. Ellos tienen el medio y el derecho de
pararse cuando quieran.
ENTENDIMIENTO.- Lo segundo que el
gobierno debió haber advertido es que esta convocatoria
no es a lo loco, como los llamados a paro que hace Ramón
Figuereo, sino algo mejor pensado y más organizado,
pues el entendimiento de Hubieres y Marte fue en base
a un documento público, firmado y con testigos.
El documento se titula “ Fenatrano-Conatra. Acuerdo
para garantizar y salvaguardar los intereses del sector
transporte de pasajeros de la República Dominicana
“. El texto deja ver que no fue preparado por
choferes analfabetos, sino que tiene forma y lenguaje
de acto notarial. Tampoco es el antiguo manifiesto en
que se hacían exigencias que desbordaban el marco
natural y la coyuntura, sino que se circunscribe a lo
que tiene que ver con el transporte de pasajeros, sin
entrar a considerar los problemas de salud, educación
o los altos precios de los productos de primera necesidad.
Si es así, no puede juzgarse este movimiento
con los criterios del pasado, pues hay elementos nuevos
que indican que es una lucha con propósitos más
trascendentes. Si se le ve como un simple chantaje o
búsqueda de vida, como era costumbre en el pasado,
se desperdiciará una oportunidad de dar el frente
a un problema innegable: no hay un transporte adecuado
y los pasajeros pasan las de Caín para llegar
a sus centros de trabajo. Esa la realidad, lo demás
que pueda decirse o decidirse tiene que partir de esa
verdad incontrovertible.
LA DISCRIMINACION.- Lo tercero
que el gobierno debió plantearse es si es correcto
que discrimine sectores a la hora de abordar problemas.
Si acepta reunirse y discutir con los hoteleros o las
zonas francas, por ejemplo ¿ por qué no
con los empresarios del transporte, si las dificultades
en ese orden están a la vista y afectan el desenvolvimiento
del país. El concepto moral que se tenga de Hubieres
o de Marte de que son unos aprovechados, o los expedientes
que cursan en la justicia, no pueden tapar con un dedo
el sol de que manejan un alto porcentaje del negocio
del transporte de pasajeros. Si el gobierno tuviera
guaguas suficientes, podría ignorarlos o no atender
ninguno de sus reclamos, a sabiendas de que el servicio
estará asegurado. Sin embargo, esa no es la situación.
Si deciden parar el país, lo paran, pues los
demás núcleos de chóferes se sumarán
a la movilización, o por espíritu de clase
o para no quedarse fuera en el caso de que el enfrentamiento
se resuelva con un reparto. Lo que el gobierno no puede
permitir es que suban el pasaje, pues el presupuesto
familiar o personal del hombre de a pie no aguanta nuevas
alzas. Decirles que no es lo mismo que nada, pues los
organismos del sector transporte no tienen autoridad
ni condiciones para impedir que los empresarios se salgan
con las suyas. La OTTT es infuncional, y cuando su director
habla, lo toman a broma.
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