Santo Domingo

Viernes 19 de enero del 2007

LISTIN DIARIO
 
 
SECCIONES
 
OTRAS SECCIONES
Guía de la Diversión
SERVICIOS
REVISTAS
Agregar a Favoritos Imprimir Enviar por E-Mail
LA VIDA
Cosas de Duendes
Los principitos
*

Los padres de clase media nos creemos que nuestros hijos son la cosa más importante del mundo. Lo más delicado, valioso y necesitado de cuido. Les ahorramos cualquier dolor, cualquier prueba que podamos asumir nosotros y evitarles a ellos. Andamos detrás de sus pasos para prever cualquier tropiezo y sostenerlos antes de caer. Por ejemplo yo, que le tengo terror a las inyecciones, prefiero pagar una vacuna más cara para que mis hijos no sufran más de un pinchazo a la vez. Otras madres, amigas mías y conocidas, se comportan como leonas con sus cachorros. Si los niños no comen, les dan la comida sentados en sus piernas, como a unos bebés, no importa la edad que tengan. Si están enfermos, dejan de ir al trabajo y transforman la casa en una especie de hospital acondicionado sólo para el cuidado del niño. Así somos la clase media. Los de clase alta se comportan aún peor. He escuchado a madres, que andan con niñeras uniformadas, justificar que sus hijos hasta golpeen a estas empleadas a quienes les increpan “tu lo molestaste”.

A veces veo estos niños tan creídos, tan seguros de sí mismos, tan convencidos de que se merecen el mundo, que hacen sentir incluso a los adultos hechos y derechos, como a una cucaracha. Resulta hasta gracioso ver cómo un “enano” que cree en Santa Claus levanta la barbilla y muestra la arrogancia de un monstruo ante niños de su misma edad pero con menos cosas materiales. Eso lo aprenden de sus padres, quienes les enseñan que a los pobres no se les debe consideración alguna. Los hijos de quienes no pueden pagar clínicas, colegios y vehículos privados, que viven en barrios sin calles ni aceras; asisten a escuelas y hospitales públicos y crecen rodeados de marginalidad y violencia, no son niños.

No se merecen el mismo trato considerado que los principitos que cuidamos y mimamos en nuestras casas. Cuando se perturba por un breve segundo, el que le tomó enterarse de la noticia. Luego sigue su vida sin mayores trastornos. Pero hay otros cuya inocencia matamos cada día sin remordimientos de conciencia ni aspavientos. Son los niños a quienes les enseñamos, con un gesto o una frase, que tú eres “lo que pareces”. Conozco uno que no ha cumplido aún los tres años, y ya le tocó escuchar de boca de un doctor la información de que no le importaba en absoluto que se muriera porque él no lo había parido. Me lo contó la madre con una lágrima de rabia atrapada en unos ojos llenos de desesperación. Imagino a ese mismo médico desviviéndose en halagos, dando globos y paletas de premio “por portarse bien”, cuando sus pequeños pacientes se desmontan de un carro de lujo con un cortejo de criados y familiares. De seguro que la madre comentará de lo simpático que es ese doctor que cuida con tanto amor a su pequeño tesoro. Es que esos sin son niños, ángeles, como los hijos del doctor, los otros, no.

alicia.estevez@listindiario.com  
   
 
 
 
  MÁS NOTICIAS
Listín Digital - Editora Listín Diario
Paseo de los Periodistas #52. Tel.: (809) 686-6688, Fax: (809) 686-6595, Santo Domingo, R.D.
Contacte al
webmaster