Santo Domingo

Viernes 19 de enero del 2007

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RELIGIÓN / Quién está educando al pueblo?
“Haced lo que él diga”
Maruchi R. de Elmúdesi

Hoy comienza un nuevo Año Litúrgico, y para nosotros nuevos propósitos, intención de cambiar de vida, de retomar lo bueno, desechar lo malo. Hemos de tratar de hacer el bien siempre, de ser solidarios con los demás, aunque nos cueste; de aceptar lo que el Señor nos tiene preparado.

Debemos tratar de vivir la fe con coherencia, misión difícil considerando el mundo que nos ha tocado vivir. Es un mundo deshumanizado, un mundo donde el bien común brilla por su ausencia, un mundo de nuevo pagano, en el que a los cristianos nos toca nadar continuamente en contra de la corriente y retomar la actitud de los primeros discípulos de Jesucristo.

Pero no debemos desanimarnos, pues contamos con la ayuda del que nos ha prometido estar siempre a nuestro lado, hasta el fin de los tiempos.

Las lecturas de hoy nos animan a contar las maravillas que realiza el Señor. A pesar de todo, “los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria… la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo”. Y es que “el Señor es Rey, él gobierna a los pueblos rectamente” (salmo 95)

El Evangelio de hoy nos presenta las Bodas de Caná, donde Jesús realiza el primer milagro e inicia su vida pública. Es un evangelio muy conocido. Muchas parejas escogen este pasaje para la celebración eucarística de sus bodas.

San Juan nos narra una situación en la que María intercede por una pareja de esposos en apuros. Ella siempre pendiente de nuestros problemas, pide a su hijo que los ayude. Ella sabe que para Él no hay nada imposible. Él le dice: “Todavía no ha llegado mi hora”, pero aún así complace a su madre, y realiza el milagro. Le concede lo que ella le pide. Y es que Jesús es condescendiente a los deseos de su Madre. Y es que María es un ser solidario, siempre dispuesta a las necesidades de los demás.

Lo que nos cuesta hoy en día a nosotros sobremanera, si tenemos en cuenta este contexto sociopolítico-económico que nos rodea por todas partes. Y somos ilusos si creemos que nos podemos mantener al margen. Pues, queramos o no, estamos siendo arrastrados por las corrientes del postmodernismo globalizante y deshumanizante.

Solamente con mucha oración, la participación asidua a los sacramentos, y una vida evangelizadora hacía los demás, pudiera ayudar algo en suavizar nuestros espíritus cargados de tantas frustraciones, innecesarias. “En el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signoa petición de su Madre-con ocasión de un banquete de boda.

La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo.” (Catecismo de la Iglesia Católica No. 1613)

“En su predicación, Jesús enseñó sin ambigüedad el sentido original de la unión del hombre y la mujer, tal como el Creador la quiso al comienzo: la autorización, dada por Moisés, de repudiar a su mujer era una concesión a la dureza del corazón (Mt 19,8); la unión matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble: Dios mismo la estableció: “Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre” (Mt 19, 6). Cristo vino “para restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado, de la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión nueva del Reino de Dios.

Siguiendo a Cristo, renunciando a sí mismos, tomando sobre sí sus cruces (Mt 8,34), los esposos podrán “comprender” (Mt 19, 11) el sentido original del matrimonio y vivirlo con la ayuda de Cristo. Esta gracia del Matrimonio cristiano es un fruto de la Cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana.” (Idem No. 1615)

Y un matrimonio así es la mejor manera de formar una familia. Una familia fundada sobre roca donde nada ni nadie podrá hacerle daño, podrá romper. Cuando uno ve una familia cimentada en el amor y en la solidaridad, la justicia, la alegría y la paz ve la acción del Señor como en un espejo.

Vamos pedirle hoy también nosotros a María que nos ayude a defender nuestras familias de los enemigos del Reino. Y que nos permita fortalecernos con Su Palabra y su Gracia. Vamos a pedirle también por las familias que están pasando por unos momentos sumamente difíciles de comprender los caminos del Señor, por la magnitud del suceso.

Nuestros amigos y compadres que tienen su hija en coma después de un desastroso accidente en playas extranjeras, pero que han sido acogidos con mucho sentido de responsabilidad y profesionalismo, en los centros de salud. Pedimos a María la Milagrosa, de la que ella es devota, que le devuelva el sentido. Que no los desampare nunca. Que interceda por ellos como lo hizo en las Bodas de Caná, para que el Señor realice este milagro para gloria y edificación de Su Reino, y que en los que en Ti creemos, continuemos dando frutos y frutos en abundancia.

¡Señor Jesús que bendijiste con tu presencia las Bodas de Caná, bendice a nuestros amigos con la confianza de quienes se sienten favorecidos con Tu amor! Amén

 

 

 
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