Santo Domingo

Viernes 19 de enero del 2007

LISTIN DIARIO
 
 
SECCIONES
 
OTRAS SECCIONES
Guía de la Diversión
SERVICIOS
REVISTAS
Agregar a Favoritos Imprimir Enviar por E-Mail
RELIGIÓN / Reflexión
¿Debo perder lo que soy?
MODESTO CUESTA

Antes de responder cualquier pregunta que pueda surgir, quiero reiterarles que estoy completamente seguro de que nuestro Creador ha deparado ya para todos nosotros muchas bendiciones, salud, prosperidad, armonía y felicidad en este año que recién comienza, a sabiendas de que nuestros ojos deben estar prestos a ver las oportunidades que Él nos presentará, para ver todas las cosas que ha dispuesto y que nuestra actitud ante la vida ha de ser más positiva y más acorde con Cristo nuestro Señor.

Bien. Supongo que ya muchos se preguntaron el porqué de la extraña forma de comenzar el año con este artículo. Sí, es extraña. No parece indicar un rumbo específico, al menos no tanto como los pingüinos cuando asaltaron el carguero en la película “Madagascar”. Sin embargo, sí tiene rumbo; tiene hasta destinatarios específicos.

Quiero referirme a algunos aspectos dentro del matrimonio, aspectos que involucran la personalidad, individual, indivisible e insacrificable de quienes conforman una pareja. Cada uno de nosotros, hablando desde dentro de mi relación de pareja, es persona, educada, formada de manera diferente, en distinto medio social y por lo tanto, con valores, principios, metas, propios e independientes; con un desarrollo personal y profesional proyectados insospechadamente.

Cuando aceptamos contraer matrimonio con la persona que más queremos en este mundo, aceptamos también muchas cosas, y estamos sujetos a circunstancias vitales que nos harán tomar decisiones difíciles de ejecutar y de mantener, pero en ningún caso debemos perder lo que somos ni sacrificar nuestros planes al punto de someternos ciegamente a las mismas circunstancias que nos han llevado a tomar tales decisiones.

La respuesta afirmativa ante el altar no significa abandono total e irrestricto de nuestros planes; implica, más bien, una capacidad sorprendente para armar dentro del matrimonio un “joint venture”, involucrar a la pareja en nuestros planes de vida y viceversa, hacer proyectos en conjunto que permitan a ambos alcanzar la completa madurez personal y profesional que ambos han soñado. Implica el fomento y desarrollo de una capacidad de negociación tal que nos permita llegar a acuerdos satisfactorios bajo el precepto del respeto y la admiración mutua.

Cada uno de nosotros debe velar porque nuestra pareja alcance sus metas y objetivos pues serán metas y objetivos de ambos. En ningún caso debemos permitir que esa persona a quien amamos baje sus perspectivas vitales y, por tanto, su autoestima.

Estamos para ser soporte en todas las dimensiones de la relación de pareja, estamos para ayudarnos, para compenetrarnos el uno con el otro mediante un redescubrimiento continuo que ha de durar toda la vida.

¿Podrá todo esto envolver algo de egoísmo? De ninguna manera. Lo que ocurre es que en la medida en que cuidas de ti mismo y te ocupas de mantener tu autoestima en el nivel adecuado, todo lo que se mueve a tu alrededor caminará favorablemente; mientras mejor marche la relación de pareja, mejor marchará la relación con los hijos, pues este amor a flor de piel que ambos cónyuges se demuestren permeará a sus hijos.

Es preciso que cada uno de nosotros, como parte integral de una pareja, se sienta motivado a seguir adelante, contando con el apoyo, irrestricto o negociado, de la pareja. Nunca debemos sucumbir ante las condiciones o circunstancias que la vida nos presenta.

Por supuesto, Cristo Jesús no deja de estar presente en todo esto; sólo lo hace cuando se hacen interpretaciones erróneas de sus palabras. Esto lo veremos el próximo domingo.

 

 

 
  RELIGIÓN
Quién está educando al pueblo
Reflexión
  SENDEROS
  COLUMNAS
Semillas
Paseo cotidiano
Mensajes angélicos
Listín Digital - Editora Listín Diario
Paseo de los Periodistas #52. Tel.: (809) 686-6688, Fax: (809) 686-6595, Santo Domingo, R.D.
Contacte al
webmaster